Tras un mar hecho escalera

Foto facilitada por Marcela. Gracias por formar parte del juego

Los tobillos hinchados, el cuarto de baño en sobreexplotación, sueño, mal humor, estrés… Esa era mi situación entonces, unas semanas antes de tu venida. Me convertí en un ser insoportable, bellamente embarazada pero insoportable y Sebastián aguantaba pacientemente.

Creo que a los hombres también les afecta el embarazo. Desde luego que no como a las mujeres ¡ojala! Pero sus hormonas o sus planteamientos o… también se modifican.

Se convierten en seres exasperantes de tan prácticos y tranquilos. Imagino que habrá de todo pero desde luego que Sebastián se había transformado. Nunca fue tan amorosa e irritantemente atento. A cada queja mía respondía con una maldita sonrisa paciente. Era lo que se dice, un amor… Confieso que en el fondo estaba encantada, pero algo dentro de mí me provocaba un cabreo continuo.

A veces terminaba el día odiándole de tal manera que no podía dejar de besarle. No sé. Me provocaba… Y él, que nunca fue un hombre de dar caricias y atención ¡me respondía con una batalla de abrazos, mimos y besos!

El sofá fue su lugar de sueños casi todos los días aunque a eso de las 2 de la madrugada mi esquizofrenia era vencida, entraba en razón e iba a buscarle para llevarle, entre mimos y solicitudes de perdón, a la cama.

Lo sé, fui un monstruo embarazado, lo confieso

El caso es que era un embarazo deseado, soñado, planificado…. En cuanto anidaste en mí no pude dejar de quererte, era el fin que perseguíamos. Pero me alteré de tal manera que no conseguía controlar mis más básicos sentimientos.

Entonces, te parecerá irónica la foto ¿no? Esa sonrisa, la felicidad que se puede leer entre líneas no concuerda con todo lo que te acabo de contar. Debo decir que ese día fue para mi, catártico…

Comenzó siendo una mañana movidita. Me llamaron del trabajo por un problema grave del que, parece ser, era la única persona en el mundo que tenía la solución.

Imbéciles” pensé “¿No conocen esa máxima que dice que nadie es imprescindible?” Pero me vestí a todo correr, me eché la leche caliente sobre mi gran tripa, gruñí al portero, me atasqué en la Castellana y acudí, con mal humor y un dolor de riñones insoportable, a la ineludible cita con mi trabajo “No sé qué harán cuando me coja la baja” pensé, “¡igual me hacen una contraoferta! Mira Sarita… si das tu niño en adopción te triplicamos el sueldo” Me reía sola pensando en mi propia crueldad.

Oye mi niño, ¿tú me perdonarás todas estas tonterías que te estoy contando, verdad? Llevas una semana escasa entre nosotros y te estoy soltando todo esto, solo para que comas entretenido ahí agarrado a mi teta izquierda.

Bueno, sigo. Con las prisas se me olvidó despedirme de Sebastián. El día anterior estuve bastante cuerda y estable, algo raro, solo le contesté 2 veces de modo irritante a sus preguntas y creí que se preocuparía al despertarse y no verme allí.

Bajé del coche mientras buscaba el móvil en el bolso y de camino al edificio de mi oficina fui marcando el número de Sebastián. Me resultó curioso que alguien más en el mundo, además de mi pareja, tuviera como melodía en el móvil a los Aurones.

Y entonces lo vi.

Allí estaba él, junto a Raúl, mi jefe, con una sonrisa de oreja a oreja

- Cariño ¿te apetece un paseo por la playa? Raúl me ha dicho que nos deja las llaves de su apartamento en Conil para pasar unos días, como complemento de tu bono de beneficios en la empresa – me soltó con un guiño

¿Era o no para matarlo… a besos?


Este relato está incompleto, es un texto compartido con el blog Mundo Incontable de Tamara Rosón, si quieres saber qué es lo que ocurrirá pincha aquí

Gracias amiga por tu compañía en este juego que me encantaría repetir muchas veces.

.../...

Oído y captado III


“¿Y?...Me agarró una contradicción”

[Leer con acento argentino]

Una amiga actriz, argentina, con miles de matices y fuertes convicciones ideológico-político-impías me ha sorprendido con esta frase que me ha parecido ¡tan poética! ¿No os parece?

Y la de veces que me pillan a mi las contradicciones…

Supermediocre

Era la hora de levantar el alma y como todos los días no había muchas ganas. Pero su obligación le consumía.

Se vistió y tiñó su cansancio de algo que decir. Rodeado de gente igual, iba escudriñando sus tareas diarias sin saber muy bien por dónde empezar. Almacenaba necesidades perentorias, plazos cuasi-vencidos aumentando así su nerviosismo recalcitrante.

La mañana bañaba su pelo de luz clara, el ruido era repelido por sus pensamientos. Cuando menos se lo esperaba un rostro le interrogó:

-
¿Un cigarrito?

Mientras buscaba entre sus armas vitales el paquete del veneno programado, el transeúnte le preguntaba:

- ¿A dónde vas?

Mecánicamente respondió

- A trabajar

Los ojos negros intercambiaron impresiones, el puñal de la respuesta le dejó a medio camino de la entrega:

-
Tú al menos trabajas ¿no?- apuñaló de nuevo

En ese momento sintió que los superpoderes, que siempre intentaba enterrar, le invadían. Se volvió ceniciento, sus manos crispadas por la amonestación cayeron laxas al lado de su cuerpo. Luchaba contra ello pero Supermediocre le volvió a dominar.

El hombre del café con leche diario, que comía su mundo a bocanadas, desapareció inundándole el ente gris que odiaba tanto. Las palabras salieron a borbotones como dardos aprehendidos

- S
i, y quizá si no fueras un paria…

El ser real reía volteando la indiferencia, dejándole solo con todos sus prejuicios.



Imágenes extraídas del blog Martin se ha ido para siempre


Reedit. 12.11.08: Inicialmente fue prosa, luego poema y lo vuelvo a reconvertir en prosa poética (Soloyo, cuando tiés razón tiés razón :-))

Cuando salgo...

Cuando salgo de mi cascarón
del calor de mi guarida
todo me invade
me toca
me trastoca

El radar adormecido se activa
Comienzo a estornudarme
volteando el ánimo
dejándome vencible
pero irónicamente más fuerte

La trinchera no protege
cuando la vida obstinada
ronda tu debilidad

Quisiera derrotarla
con el amparo oculto
del yo resistente
con la defensa invencible
de la subsistencia

La trinchera es cómoda
la guarida amable
no existe el invierno
aunque sí la soledad enferma
que llama diariamente
a su psicoanalista

Por eso, aun cuando esté herida
salgo a menudo
para extraviar a los virus
contaminantes de miedos
 

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