Lenta Cadencia


La tierra gira sin preguntar
sin pedir permiso
Los días siguen hacia delante
las horas se suceden
los minutos y los segundos
mueren unos detrás de otros
y el espejo te devuelve
tus ojeras, tu sonrisa
un rostro radiante a veces
preocupado otras
y siempre unos ojos
acostumbrados al reflejo compañero

Tiras, empujas, luchas
vuelves al caudal
como esa gota
que se evapora
se condensa
y regresa líquida
a formar parte de un todo

Esta vez, la tierra
me tiene en cuenta
¿Me detengo? pregunta
No, gracias, le contesto
Aunque mis días, mis minutos
sean de lenta cadencia
seguiré girando contigo
.


He publicado una nueva escena en mi medio abandonado Blog Escenas de Vida. Espero vuestros comentarios si lo tenéis a bien :-)

Sombra transparente



Me seduce ser sombra
alargada de la tranquilidad
Acostarme con el día
relacionarme con la nada
e intentar imitarla

Ser transparente,
no translúcida, ni opaca
Transparente
Para filtrarme,
sumarme,
ahogarme de realidad
sin que se de cuenta

Ser transparente
para compartir el aire de otro
acariciar
dar motivos para dudar de la cordura
Susurrar alientos
reír soledades
provocar
carcajadas sin sentido

Andar sin prisa
mirar sin pudor
acumular sensaciones
sin descubrirme

Ser transparente, no furtiva
mojarme de mar virgen
secarme al viento nuevo
llorar frente a frente
Impregnarme, reconocerme
en todos los rincones ignorados

Ser transparente, no esquiva
leer diarios escritos en servilletas
sujetar las manos que caen solas
e inundarme de desconciertos

Ser transparente…
No lo soy
aunque a veces se me olvida

Me descubro mirando sin pudor
andando sin prisa
llorando frente a frente
intentando sujetar
las manos que yacen solas

Me ahoga la realidad
y dudo de mi cordura.

Entonces espero a la noche
donde por un breve instante
mi cuerpo
se relaciona con la nada
y desaparece.

Veleidades estéticas

A mal tiempo buena cara, eso dice la sabiduría popular ¿no? Alguna vez hay que hacer caso a los dichos de los abuelos así que ayer ni corta ni perezosa decidí, por fin, ir a la peluquería.

Los cambios de look no ayudan a digerir la vida pero bueno, te hacen afrontarla con un nuevo color o corte de pelo que algo hará, digo yo.

En el campo de las peluquerías confieso que no soy fiel, quizá tenga querencia por una u otra pero siempre hay un día en que les pongo los cuernos con alguna cadena corte estándar que me deja apañada por unos pocos eurillos. Eso cuando entro, que me cuesta meses de pelo anárquico y lacio y puntas cada vez más abiertas dicho sea de paso.

Ayer resolví regresar a la peluquería de mi barrio. Hacía mucho que no entraba, exactamente unos dos años según me informó la peluquera. Sabía que el local cambiaba de nombre pero no que lo hacía de decoración. Me encontré con un espacio minimalista con paredes altas pintadas con una especie estucado de “aquí vamos a hacer unos circulitos y en esta nos limpiamos las manos con arte”.

Según llegué me recibieron con sonrisas, me quitaron la chaqueta y me dieron una bata negra corte japonés acorde con el hilo musical. Nada de M80 o KissFM. Ahí ya me quedé un poco parada ante tanta atención y detalle, pero una vez dentro ya no había vuelta atrás

Me atendieron enseguida preguntándome qué es lo que me quería hacer “¿Puedo elegir? Pues quisiera la cara y el pelo de Jennifer Aniston –pensé- que ya sé que en cuanto a cuerpo no hacen milagros” pero me dejé de chorradas interiores para decirle que quería teñirme y cortarme el pelo.

Con esa frase fui lo suficientemente concisa y clara porque a los cinco minutos ya tenía a la empleada con el mejunje espeso preparado (¡qué eficiencia madre!) y dejándome con un recogido pastoso frente al espejo.

A las mujeres pocas cosas les pueden dar vergüenza a estas alturas ¿no creéis? No hay cosa más espeluznante que ver a una mujer con los rulos, o con el tinte y, lo que es peor, ¡con las mechas! Que estás tu toda mona con el pelo estropajoso y lleno de papel de plata. Y si ya te ponen bajo esos aparatos como radiadores de barra (Infrazon Trak parece que se llama ¿?¿?¿?) como un pollo en el asador… lo que digo, muy mona.

La cosa ya no es solo eso, si no que últimamente toda peluquería que se precie de moderna, tiene unas enormes cristaleras que dan a esa calle bien situada, tan bien situada que no deja de pasar gente. Que digo yo que ya podrían ser cristales tintados como los que les ponen a los políticos en los coches. Que bastante tiene una que sufrir como para que encima seas el hazmerreír de los transeúntes. Más que una peluquería debería llamarse la tienda de los horrores.

Menos mal que esa moda de escaparate no se lleva en los centros de esteticien que no me extrañaría, total ¿qué más da? Si te ven con un cardado ¿porqué no te van a poder ver haciéndote las ingles?

Mientras pensaba eso, el tinte picaba como un demonio, de esos picores irritantes y molestos con el agravante de que no te puedes rascar a gusto. Ya podrían darte una aguja de hacer punto para poder aliviarte un poco. Aunque claro, queda un poco mal frente a los transeúntes…

La peluquera, que era muy simpática pero que la hacía mejor en un puesto de venta de verduras que en un sitio tan fino, me ofreció por este orden: ¿Un café? No gracias, ¿un zumo? No gracias, ¿Una revista si verdad? No gracias. Se alejó con esa cara que decía “que no se me note que esta tía me parece muy rara”. Solo me apetecía ver pasar el tiempo mientras los picores me mataban, además cuando veo revistas del corazón solo me suenan las recetas del Arguiñano.

El caso es que, a partir de ese momento en mi cabeza comenzó a oírse un ruidito que me costó reconocer. Sonido que volvió a regresar y que identifiqué cuando otra de las peluqueras se acercó y me ofreció de nuevo: ¿Un café? (ruido de caja registradora) No gracias, ¿Un zumo? (ruido de caja registradora) no gracias, ¿Una revista? (ruido de caja registradora) No gracias.

Tenía mi tarjeta de crédito, no había problema pero sabía que la decisión de cambiar de look para encarar los nuevos tiempos me iba a salir un poco cara.

Estaba arrepintiéndome para mis adentros de no haber consultado antes los precios cuando, esta vez, el dueño de la peluquería se acercó con una gran sonrisa y volvió a ofrecerme la amplia carta gastronomico-lúdica de la peluquería. Mi abuelo siempre me enseñó que cuando te ofrecen algo debes negarte 2 veces y a la tercera decir que sí, así que me pedí un cafelitoconlechegracias.

Un rato después, largo os lo puedo asegurar, la peluquera que me estaba atendiendo pensó que ya tenía suficiente suplicio y me llevó hacia las lavacabezas, potro de tortura donde los haya. No me digáis que no, por muy repantigada que te pongas con lo poco fino que es eso, siempre te clavas el lavabo en la nuca.

Me estaba colocando para evitar la contractura y sentí que mis pies se alzaban quedándome medio tumbada. ¡Qué sorpresa! ¡¡Un asiento reclinable!! (ruido de caja registradora). Bueno, era un puntazo, la primera vez que estaba cómoda en un lavacabezas.

El ritual para lavar la cabeza merece un capítulo aparte. Es el momento estrella de la peluquería, donde las trabajadoras se dedican a conciencia. Aplican el champú y comienzan a frotar tu cuero cabelludo como si les fuera la vida en ello. A mi me venía genial por los picores que os comentaba pero no sé como lo hacen que siempre frotan justo alrededor de la zona donde más te pica, como cuando le pido a mi madre que me rasque la espalda “ahí no, mamá, un poco más arriba, no, a la derecha, no tantoooo, un poco más abajo siiiiiiiiii ahíiiiiiii ahiiiiiiiiii!”.

Efectivamente, donde estaba, esas indicaciones no eran procedentes.

Así que me abandoné a las sensaciones del frota frota y del súpermasaje que me regaló esa bendita mujer. Cerré los ojos y disfruté del momento tanto que a la pregunta de "¿Le echo mascarilla especial para pelo teñido con aceite de Aloe y hierbas del campo de Zambia?" No pude negarme (ruido de caja registradora).

Entendía perfectamente a Isabel Presley, estos momentos son regalos para los sentidos,. Ya ves lo probe que es una que se conforma con unos masajitos y mimos en la cabeza por un quítame de ahí esos euros.

El resto os podéis imaginar, mi pelo cortado cayendo a diestro y siniestro, pequeños pelillos pegados a la cara y el cuello (con sus futuros picores pronosticados), el secador de pelo y el rodillo; tirar y alisar, tirar y alisar mientras ejercitas los músculos del cuello para que la cabeza no vaya detrás del rodillo… vamos lo normal.

Muy bien, habían pasado dos horas de todo tipo de sensaciones y el resultado era aceptable, el espejo me devolvía una imagen maqueada. Cuando me iba a levantar a abonar el resultado de tanto sonidito mental me dijo “Espere un momento por favor” (debo ir más a la peluquería porque todo me pilla de sorpresa). Regresó al rato con maquillaje que yo pensé “¿me está queriendo decir que estas ojeras y cara pálida no va con el peinado o que necesito tapa poros como el comer?” pero ya me había rendido a los encantos de la belleza y le dejé hacer.

Monísima de la muerte si… lo veía en la cara de satisfacción de mi peluquera así que con el caminar de una mujer un poco más guapa me acerqué a la caja a abonar esas dos horas de sesión un tanto masoquista.

No, no voy a decir lo que me costó, es poco elegante. Solo diré que ahora entiendo porqué mis incursiones en esa peluquería son cada dos años...


Seudofábula

El día empezaba raro… Era lunes y estaba positiva. El irritante despertador había sonado. Lo abrazó como siempre y no tuvo que oírlo 20 veces hasta levantarse, sino que a la tercera se incorporó de entre las sábanas. Ibarretxe parecía que se quedaba sin poltrona vasca. Por fin había terminado un trabajo tedioso que le revolvía las entretelas… Era raro porque todo iba bien

Tenía la ilusión prendida en su solapa y esperaba el resultado de una reunión decisiva que le iba a poner los puntos sobre las ies. El SI ganaba la partida y solo por eso su particular lechera iba por el tercer duplex en propiedad y vacaciones trimestrales en las Bahamas.

Hacía semanas que su mundo se llenó de ysis que resumían hacia dónde avanzaba, unos ysis con sus dudas y sus partes negativas pero que la hacían levantarse cada mañana y creer que su proyecto iba a salir. Justificar a ambos lados
Ese día estaba especialmente nerviosa.

Sonó el móvil. Contestó vestida de domingo con la sonrisa telefónica bien audible y un NO retumbó tanto en su interior que los castillos con sus almenas y cimientos un tanto endebles cayeron irremediablemente dejando su casita humilde y bien construida al descubierto.

Sabía que era un obstáculo en el camino pero creía en él, se había permitido el lujo de ser positiva y creer que podía ser posible… ¿Cuántas veces le ocurría eso? Hace mucho que se prometió a sí misma no volver a ser así, tomaría las cosas tal cual venían preparada para lo peor pero cuando el sueño florecía era muy difícil mantenerlo a raya.

Colgó el móvil y la pregunta ¿y ahora qué? sonaba como Leitmotiv. Perdida en sus pensamientos no lograba entender el porqué. Estaba claro que no era culpa suya, cuando las decisiones no te pertenecen se está un poco vendido. Tenía la certeza de que el NO era plausible pero se había acercado al calorcito del SI hasta quemarse un poco las pestañas.

Llamaron a la puerta

La Crisis.

El timbre volvió a sonar

El Paro.

No pasaron ni cinco segundos y tuvo que volver a abrir

La Hipoteca.

Los iba viendo entrar uno a uno en su salón mientras el din-dón regresó

La Incertidumbre.

Cuando ésta última entró decidió mantenerse bajo el dintel con la puerta abierta recibiendo a El Cansancio y luego a La Duda.

Comenzaron a hablar a la vez confundiéndola aún más.

- No son tiempos para arriesgarse- se oía a La Crisis

- Ahora la cosa está complicada para encontrar trabajo- se lamentaba El Paro

- Esperemos que el euribor se mantenga bajo, cari- le dijo La Hipoteca guiñándole un ojo

La Incertidumbre andaba cabizbaja, jugando con los dedos pulgares de sus manos

- No sé, es que realmente no sé qué pasará ahora.

El Cansancio la acompañó hasta el sofá e, intentando calmarla, le daba pequeños golpecitos en la espalda

- ¿No te habrás equivocado? – aseveró La irritante Duda- Mira que este sector es muy inestable, mejor si te hubieras quedado en el otro lugar, mucho más cómoda y tranquila ¡donde va a parar!

El murmullo era insoportable, la negatividad amenazaba de nuevo con quedarse en casa sin pagar alquiler

- ¡BASTA YA! – Gritó y su voz temblaba por la rabia

Y las palabras fatídicas guardaron silencio durante un buen rato, comprendieron que su presencia no era grata ni necesaria. Se levantaron airadas y desaparecieron como habían venido.

Ella alzó la mano y dijo:

- Incertidumbre quédate, creo que vas a tener que acompañarme unos días más.

E incertidumbre la miró asustada. Se sentó a su lado y volvió a jugar con sus dedos pulgares sin decir nada.



Moraleja: Volver a empezar es la molesta salida forzosa de la autopista que debes tomar si ésta está cortada.

 

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