Treinta y nueve ...

Esta entrada estaba ya redactada para publicarse el día de mi cumpleaños, como es mi costumbre y tradición, pero situaciones urgentes e imprevisibles hicieron que no fuera posible. Es hoy cuando he tenido un rato y, después de reflexionarlo he decidido publicar.
Actualmente sigo pensando lo mismo, aun después de los golpes que se reciben día a día, que lo mejor es tener que pedir disculpas y no arrepentirse (y no evitar nunca decir un "te quiero")


Hoy es mi cumpleaños, 39 ya. Este año no me he currado el post y es que la fecha me ha pillado casi de sorpresa y con la guardia baja, pero no quiero romper la tradición de publicar algo todos los 30 de enero .

Quiero compartir con vosotros esta canción de Silvio Rodríguez, ese poeta, ese cantautor odiado y amado por partes iguales. Me encuentro en el segundo grupo, me ha acompañado durante muchos años y siempre lo tendré a mi ladito, aunque mi madre me diga que "eso no es cantar ni es na" ¿Le hace falta cantar bien? yo creo que no.

Al final de este viaje es un tema que habla de caminos terminados, de finales y de miradas hacia atrás, de rastros y huellas dejadas en herencia, de sonrisas por haber vivido.

Me encantaría que cuando llegue a mi final (que está lejos, muuuuuuuuuuuy lejos) solo deba pedir algunas disculpas, pero nunca arrepentirme. Y sonreír siempre. Quiero ser la prehistoria que tendrá el futuro.




AL FINAL DE ESTE VIAJE
Al final de este viaje en la vida quedarán
nuestros cuerpos hinchados de ir
a la muerte, al odio, al borde del mar.

Al final de este viaje en la vida quedará
nuestro rastro invitando a vivir.
Por lo menos por eso es que estoy aquí.

Somos prehistoria que tendrá el futuro,
somos los anales remotos del hombre.
Estos años son el pasado del cielo;
estos años son cierta agilidad
con que el sol te dibuja en el porvenir,
son la verdad o el fin,
son Dios,
quedamos los que puedan sonreír
en medio de la muerte, en plena luz.

Al final de este viaje en la vida quedará
una cura de tiempo y amor,
una gasa que envuelva un viejo dolor.

Al final de este viaje en la vida quedarán
nuestros cuerpos tendidos al sol
como sábanas blancas después del amor.

Al final del viaje está el horizonte,
al final del viaje partiremos de nuevo,
al final del viaje comienza un camino,
otro buen camino que seguir descalzos
contando la arena.
Al final del viaje estamos tú y yo intactos,
quedamos los que puedan sonreír
en medio de la muerte, en plena luz.

CONMOCIONES





Toca la superficie de una hora triste
clavándose una astilla sin sentir nada.
Lo lamenta tanto
que consigue acostumbrarse
al surco de sus lágrimas

Ahoga la caricia cuando sale de sus labios
recuperando la cordura.
Sus brazos abarcan el cuerpo que sonríe.
Abrazo de fortaleza
busca cobijo en el momento del suspiro.

Su pie mira a los lados
explorando espacios vírgenes
tarea imposible en ese Twister lleno de soledades.
Acomoda el ritmo al pie de enfrente,
tan solo como él
y un quiebro de talón le dice
que siga bailando

Baila
abrazada a la caliente esperanza
Encuentra
la imprescindible llave maestra
Cierra
su más que odiada tristeza

La astilla cae.

El eco del derrumbe la despierta

Percibe ese momento y descubre
la danza de su fuerza
dando vueltas.

Cada vez que alguien bosteza...


Cada vez que alguien bosteza
un hombre arranca un hierbajo
una mujer pestañea incrédula
un niño se pierde en futuros
una política se revuelve en verdades
un activista se olvida del mundo
una escarcha se diluye
una mariposa se siente terremoto
un burro frota su hocico
contra una margarita que se estremece
Un powerpoint llega al correo
una periodista cierra una exclusiva
una crisis amanece
otra se regenera
una vecina recrimina a su consorte
una pareja sigue su pasión
alguien se deprime
alguien es feliz
alguien se descubre una peca
otros se cansaron de contarlas
unos piden justicia
otros siguen caminando sin más
Todos increíblemente vivos
se contagian la actividad
mientras alguien, simplemente, bosteza.

Fotografía de Robillard Llaurent

El amigo de Blautista


Tengo que salir a hablar a toda esa gente que no conozco y estoy como un flan. No saben a quién van a encontrar. Creen que seré el brillante narrador, el encadenador de palabras pero lo que no conocen es que cuando debo hablar en público me bloqueo y mi tartamudeo puede ser devastador. Hasta ahora me oculté trabajando con un pseudónimo, ganándome la fama de misterioso, pero la editorial ya no me ha aguantado más el jueguito.

Me han dado un premio o algo parecido. No creo que lo merezca pero en estas cosas uno no decide y si lo hiciera… ¿qué hubiera pasado si lo hiciera? Posiblemente el beneplácito del que disfruto se acabaría y uno tiene que mantener-se.

A mi escribir me sale solo. Es algo que ocurrió de casualidad, con mi primer cuaderno de primaria. Terminé el curso y en mi libreta de anillas aún faltaban varias hojas por completar. Siempre he sido un tipo aprovechador y para sacar partido a tanto folio comencé a escribir el resumen del último libro que había leído. Si, lo confieso, de niño era un tanto repelente. Me aburrió tanto, me pareció tan inútil volver a contar algo que ya estaba contado que comencé a inventar una historia propia.

Desde ese día es como si eso fuera lo único que calmara mis nervios. Cuando tenía cualquier contratiempo, cuando algo me alteraba o simplemente por simple aburrimiento, un bolígrafo y un cuaderno me ayudaban a salir de esa sensación al menos por un rato.

Mis primeras historias me hacían viajar lejos, a países de los que solo sabía el nombre: Mongolia, Marruecos, Túnez, Perú…

Me enamoré de Perú sin saber siquiera cual era su capital. Me lo imaginé verde y montañoso, lleno de rincones vírgenes, de gentes extrañas y amables. Perú Imaginario era el lugar preferido de mis huidas.

De aquellos días me queda el deseo no cumplido de conocerlo, aun a sabiendas que me decepcionará. Nunca veré al gigante del diente de oro que me acoge en su casa dejándome dormir en su caja de cerillas, ni a la abuela con la que salto a la comba durante horas porque así puede hacer nacer y crecer los arco iris, ni a Blautista el músico del silencio…

Tampoco podré viajar en esa cama con ruedas del patio de Sebastián el leñador enclenque, una cama que vuela a donde quieras y, sobretodo, cuando quieras. Desde allí diviso el mundo y me alejo de lo que no me hace feliz. La de veces que habré cogido yo esa cama de pequeño cuando mi madre sollozaba y mi padre alzaba la voz…

Pero divago mucho. Agradezco que mi imaginación infantil no me haya abandonado, es la única a la que he dejado que me comprenda. Por eso no entiendo esto de los premios, los reconocimientos, el que quieran poner una cara a esas huidas literarias.

Escribo libros que, dicen, ayudan a la gente pero soy incapaz de hablar en voz alta ni delante de mi mismo. No me gusta oírme, siento mi habla salir y empequeñezco y es que, aunque soy el maestro de los libros de autoestima (editorial dixit) la mía siempre me abandona. Irónico ¿verdad?

Han dicho mi nombre, todos aplauden. Me levanto casi inconscientemente y acudo al atril. ¡Dios mío! Acaban de dejar de aplaudir ¡qué de ojos mirándome!
- Desearía coger mi cama voladora e invitarles a viajar conmigo

Aplausos enfervorecidos
- Gracias por esto

Más aplausos y vítores mientras bajo anonadado por el poder de una presencia ¡la mía! Se acabó, tampoco era tan difícil. No quieren oírme, solo quieren ver la carne y el hueso del autor. ¿Por qué se me ocurrió lo de la cama? Llevaba el discurso tan coherentemente escrito…Pero al abrirlo las letras se han ido bailando una conga y solo se me ocurrió esa brillante frase con la que comencé mi primer libro ¡Bravo por mí! He pasado la prueba y aún sigo vivo.

Ahora no sé si con mi ego alimentado de esta manera voy a poder seguir escribiendo libros de MI-ayuda.
 

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