Decisión Visceral





Cerró los ojos, lo tenía decidido. Aun con miedo tenía que hacerlo porque este mundo no está hecho para vivir solo. Ahora tenía que elegir qué órgano era el que quería compartir y no lo tenía claro. Dudaba entre el estómago y el corazón. El estómago podría traerle problemas, a él no le gustaba el picante y a su nuevo compañero le perdía el chile. En cuanto al corazón… era tan imprevisible que quizá mereciera la pena el riesgo.

Firmó el documento con determinación. En el mundo de los siameses se necesitaba un corazón más fuerte y menos tragaderas.


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Con este relato he participado en el primer concurso En 99 palabras. He logrado 4 puntitos, los de la honrilla :-). Me ha encantado participar, gracias Miguel por darnos esta oportunidad aunque ya no me quedan uñas por la tensión creada!

A carboncillo


Dibuja su cuerpo
relajado en siesta vespertina
El artista bosqueja
sus contornos redondos, claros
la cadera
que el poeta llama colina rendida
dulce sima
el ombligo sereno,
torres derrotadas
los pechos que tiemblan

Totalmente ajena, dormida
la mujer recibe el carboncillo
como si fueran sus dedos
respirando cada caricia
como sueños cocinados
con una pasión desconocida

La plumilla de negro carbón
se concentra en los salientes
en los volúmenes llenos
en el monte oscuro de Venus
de aquella anónima Afrodita
que paró su paseo por la orilla
con su presencia ausente.

Trazos firmes para su cuello
besos dibujados con rescoldos
que continúan por los hombros.
Los deja inconclusos
para mostrar  lo etéreo del momento.

Concentra su deseo en la nariz
los párpados, la barbilla
los labios entreabiertos
con palabras suspendidas
fuente de inspiración
de sus pinceladas de sombras
que emanan del luminoso resultado.

Ella se mueve,
acude con calma a este lado del espejo
Desperezándose desconcertada
acaricia su cuerpo
releyendo algo que, piensa, ha soñado

Cubriendo su universo con suavidad
recorre con su pie el papel en el suelo
Al verlo su piel se eriza
soportando de golpe todo aquello
que ha creído soñar

Da la vuelta al papel
unas palabras la sujetan
Suavidad etérea
de tu cuerpo dormido

Y ella con su reflejo
tatuado a carbón y papel
desea con fuerza
que aquella fantasía
brote en su realidad
y la despierte de aquel dibujo.

Incongruencias


Saca la nariz tentando los aromas
y percibe el olor a humo
de un fuego que aún
siente bajo sus pies.

Mira a uno y otro lado
tanteando cada paso
Confía en la tranquilidad
que le da ese silencio.

Un paso titubeante
otro menos inseguro
avanza evaluando su propio entorno
recogiendo uno a uno
todos los principios desperdigados.

Recordaba que en el momento justo
se resguardó tras su propio escenario
y esperó a que sus contradicciones
no fueran a buscarlo.

Ahora los ojos se le enturbian
al reconocer los trozos de su arrojo
un temblor le recorre
al descubrir los restos de su orgullo

Poco a poco se va reencontrando
con lo que debía haber sido
pero que había dejado de lado
en su razonable estampida.

No se percata,
entre los susurros de su decepción,
que las contradicciones lo rodean
arremangándose prestas
para pedir explicaciones.

Y en eso andan las contradicciones
mirándolo con superioridad
hasta que se reconocen
en algunos criterios deshechos.

El silencio los envuelve a todos
y así, sin palabras innecesarias
sin justificaciones que saben a desencanto
se dedican todos
a recuperar el estado de las cosas
que debían ser
pero que no podían ser siempre
como debían.
 

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