"...¿Has tenido alguna vez miedo de meter a alguien tan adentro, que sabes que no podrías volver a arrancarlo de ti sin desgarrarte, sin perder parte de ti al hacerlo...?"
En el caos de los días descarto versos hilvano prosas engendro héroes remiendo estrofas dibujo cuerpos. Hago inventario de logros y miedos proyectos y sueños obligaciones y retos con la esperanza prendida en el tiempo Cierro los ojos y me veo en caminos que huyen de encrucijadas frente a semáforos cromáticamente inmutables con relojes de minutos eternos En el caos de los días cuando la melaza del tiempo se estanca utilizo los hilos de cordura para prender la fuerza en la solapa.
Hoy 30 de enero de 2015 me han llegado los 44... ¡Tomaros algo a mi salud!
Conozco a una persona cuyo sino es perder trenes, ignorar momentos mágicos, desperdiciar minutos incontables desmadejar instantes inútiles, llorar lágrimas injustas.
Conozco a una persona que no sabe estar en el lugar adecuado en el momento preciso que no respeta su espacio cuando está solo que no acierta el resultado de un partido ni viéndolo en diferido.
Conozco a alguien que no cree en la suerte pero que se maldice de la que le tocó, que es injusto con la única persona que le conoce y le replica al otro lado del espejo.
Lo conozco desde hace tiempo y debo confesar que a veces me veo reflejada en sus mismos errores: Pierdo trenes, ignoro instantes mágicos los minutos se me escapan entre instantes y lágrimas inútiles.
No seré yo quien niegue haber caído en el lugar menos indicado a la hora más intempestiva Eso sí, yo no lo llamaría mala suerte sólo ceguera social transitoria.
En definitiva, todos llevamos un inocente en nuestro interior la cuestión es saber disimularlo.
El amanecer Asalta el oscuro umbral Queriendo volar
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No tengo miedo Conozco mis fantasmas Son de confianza. ******************************* Sí, recuerdo que Del quicio de tus labios Llovían besos ******************************* Al surgir dudas La réplica deja una Pregunta huérfana ******************************* Dicen los sabios Que una carga invisible Es demasiado ******************************* Fluyen los ríos Por tus suaves mejillas Mojando sueños ******************************* El rencor surge De grietas que el olvido No pudo sellar ******************************* Me reconozco Al verme en el susurro De tu recuerdo ******************************* Actúa en su guión Escrito para actuarlo Sin lugar a error ******************************* Cuando despertó Sus lagunas estaban Llenas de instantes
Entre locura y cordura
existe un espacio
pequeñito
imperceptible
ajeno
un fino resquicio.
Todo parece tranquilo
sereno
bajo control.
Un mililitro desestabilizador
y la ley de la gravedad
hace el resto.
Una gota que tontea
con el borde del vaso
y todo se desbarata
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Impresiona la capacidad de herirse
puede ser inabarcable
irónico que la capacidad de amarse
se deba aprender
cuando
la injusticia avanza a
través de las obligaciones que
nos atan, cuando
la indiferencia, el
descrédito, justifica
un silencio utilizado
como defensa. Se usa el arma del miedo a perder un statu quo desigual. El horizonte no se ve como posibilidad al estar empeñados en apuntalar nuestro frágil camino.
Los días son curvas peligrosas que rayan el abismo cuando los plazos nos ahogan atenazando cualquier opción de cambio.
Los sueños nos parecen posibilidades inasequibles que nos oprimen dejando una sensación de desasosiego perpetuo.
Es el momento de abrir los ojos más que nunca bien abiertos sin pestañear hasta que las lágrimas salgan para proteger nuestra córnea dura, transparente, objetiva. Destapar los oídos para que escuchen sin artificios. Abrir la boca con conciencia con razón para matar a ese silencio soterrado asesinar al miedo que anula sueños.
El miedo, primo hermano de la indiferencia, yerno de la manipulación, hermano político del silencio, sobrino del descrédito, no puede cegarnos.
Abriendo ojos, oídos, boca nos convertimos en proyectiles que avanzan rumbo a nuestro propio horizonte ese que compartimos y merecemos.
Avanzar, evitar morir al borde de los sueños con la sensación de haber perdido una partida que ni siquiera habíamos jugado.
Un año más y voy sumando experiencias, arrugas y la sensación de que hay mucho más que está por llegar. Tomaros algo a mi salud allá donde estéis que yo brindaré ¡por mí y por todos mis compañeros! :)
Se acaba el 2013 y cumplimos con la misma rutina de siempre; ver y hacer
resúmenes que sirven de bien poco. Nos acordamos también de lo no hecho y
elaboramos listas para poner remedio en el año que entra, cosa que tampoco sirve de
nada. Rememoramos a los que nos dejaron y la melancolía aparece como ese
sentimiento dulce que hace daño.
Está claro que somos animales de costumbres.
El caso es que,
pensando en todo esto, me he dedicado a buscar finales de películas y me ha
parecido la mejor manera de despedir el 2013 y decidirme por un único propósito para el 2014.
Este propósito me persigue desde casi siempre pero se hizo tangible en una escena de la película The Holiday entre Eli Wallach y Kate Winslet cuando el actor le dice“En las películas, están la protagonista y las amigas de la chica. Tú eres la protagonista, pero no sé por qué te empeñas en ser la amiga de la chica” a lo que Kate le contesta algo como “Una debe ser la protagonista de su propia
vida”. Pues bien, ése es mi perpetuo propósito para el 2014 y siguientes.
Y después de este rollo os dejo una pequeña lista de finales de película(s).
Están las tremendamente buenas:
Blade Runner
Thelma y Louise
El graduado
El Color Púrpura
Y otras de esas que te dejan una sonrisa por un largo rato
Sister Act
2
Primos
Dirty
dancing
Con faldas y a lo loco
Hay miles de películas y finales más pero me decido por éstas. Ahora que cada uno elija la suya para despedir el año entre éstas u otras que le hayan marcado.
Y ya para terminar este post de despedida os presto mi propósito para el año que viene:
Ser los protagonistas de vuestra propia vida
¡Ahí lo dejo! A ver si para finales del 2014 ganamos unos
cuantos Oscar
Ninguna cara le resultaba conocida, ni el aroma, ni las conversaciones en susurros y eso era bueno. Resultaba alentador no tener que coincidir con las mismas respiraciones de todas los mediodías, los mismos asientos libres, esos que encontraba cuando recorría, junto con su portafolio, las estaciones con una angustia de algo posible. Hoy eran sus primeras ocho de la mañana que deseaba fueran muchas. Se sentía bien con ese bostezo sincero pegado a su tupper.
*****
Atándose los cordones de los zapatos descubrió una nota en el suelo “No me despido de nadie, solo de mis miserias”. Alzó la vista tropezando con una mirada perdida. Su mano se extendió para agarrar el abrigo que avanzaba hacia las vías y le dijo “Quiero una despedida de años”. El tiempo se suspendió durante tres metros que llegaron, pararon y se fueron. Nunca se alegró más de la maldición de sus zapatos con cordones.