19 de julio de 2026

Relatividad




El año ha discurrido denso, unos minutos cayeron lentamente y otros se teletransportaron vaya usted a saber dónde.

Con una ausencia que duele ¿no se tiene la sensación de que el tiempo se espesa, que la realidad se diluye, que nada es tan importante, que cojeas de alguna manera imperceptible, que algo falla, que debes de nuevo volver a aprender a seguir a pesar de todo?

No es nada nuevo esto que expreso, pero siento la necesidad de hacerlo. Medicación auto prescrita para que ese huequecillo se amolde a los otros que la vida puñetera te va escarbando.

Es una sensación ínfima, una millonésima tristeza en todo ese maremágnum de tristezas que nos rodean y que, a veces, dejamos de mirar. Incluso es un millonésimo pesar entre el resto de los instantes, las risas, los abrazos, las conversaciones que también te acompañan.

Pero hoy necesito recordar, necesito traer al frente, necesito abrazar ese hueco para decirle lo que se le echa de menos.

Y mañana será otro día y los minutos volverán a caer densos unos y a teletransportarse otros.

Así ha sido.

Así seguirá siendo.

30 de enero de 2026

La vida es una gilipollez

 

Sí, esta soy yo en el primer día del año en el que cumplo cincuenta y cinco y decido como buen propósito que ya es momento de aceptar que lo que te devuelve la cámara eres tú.

Nunca me gusto en las fotos que, en teoría, son reflejo de algo que eres, pero que no pareces, como cuando el espejo te devuelve a las seis de la mañana ese reflejo que te pertenece y por el que no das crédito.

Después de cincuenta y cinco vueltas al sol, después de las hostias vitales y del trabajo propio por el que una se limpia de basura los interiores y ventila, decido reconocerlo, soy esta mujer con más arrugas, ojeras, kilos, sarcasmo (mucho más), ausencias, buenos quereres, silencios, soledades y treguas entre otras muchas cosas.

De pequeña, desde que recuerdo, mi deseo era ser mayor. Quise siempre crecer, salir de ese cuerpecillo de niña o adolescente y volar donde fuera. “¿Qué es lo que quieres ser de mayor?” me preguntaba y me respondía “Eso, mayor”. 

Y ya lo soy. 

Soy una mujer mayor reconciliada en parte con esa niña y esa adolescente que tenía prisa por madurar. Quizá con la esperanza de que madurar te revistiera del superpoder de superarlo todo. Y no… no te lo da, aunque sí que pieza a pieza te da herramientas para sobrevivir sin que duela tanto.

El caso es que cumplo 55 años y como he oído a Manuel Vicent en la radio “La vida es una idiotez”, una gilipollez que consiste, en mi caso, en dar 55 vueltas al sol cuando la tierra lleva miles y miles y miles de millones rodeándolo.

Entonces, ¿qué son estos 55 años en la totalidad de la existencia? Efectivamente, una gilipollez.

Ahora eso sí, de los años de gilipollez que me quedan, espero que sean en su mayoría buenas gilipolleces, de las suaves, tranquilas y satisfactorias.

Por pedir…