
Cerró los ojos, lo tenía decidido. Aun con miedo tenía que hacerlo porque este mundo no está hecho para vivir solo. Ahora tenía que elegir qué órgano era el que quería compartir y no lo tenía claro. Dudaba entre el estómago y el corazón. El estómago podría traerle problemas, a él no le gustaba el picante y a su nuevo compañero le perdía el chile. En cuanto al corazón… era tan imprevisible que quizá mereciera la pena el riesgo.
Firmó el documento con determinación. En el mundo de los siameses se necesitaba un corazón más fuerte y menos tragaderas.
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Con este relato he participado en el primer concurso En 99 palabras. He logrado 4 puntitos, los de la honrilla :-). Me ha encantado participar, gracias Miguel por darnos esta oportunidad aunque ya no me quedan uñas por la tensión creada!