Tierra de nadie

Este poema lo escribí hace ya unos cuantos años, pero no ha cambiado en nada su sentido para mi. Ahora que termina el año 2006 y empezamos uno nuevo, entre otras cosas quiero pedir, o soñar, o... que ese proceso de paz que se ha iniciado y por el que tantos se enferman de mala bilis, sea definitivo.
Que se le aplique "la cirugia del diálogo", la única medicina posible.


Nací para vivir

en tierra de nadie

sin cultura propia

ni idioma al que pertenecer


Sentí la llamada patria

pero nunca supe

de donde provenía

esa voz falsa


Levanté mi vida

y trasladé todos mis miedos

a un lugar más tranquilo

con otras falsedades.


Desde la barrera

miré a mi lugar

y la tierra de nadie

se agrandaba por momentos.


Un abismo

que me hacia ver más claro

que el razonamiento no existe

dentro del campo de lucha


En vano buscaba respuestas

donde todo el mundo

hacia preguntas

buscando esperanzas


Los gritos de dolor

eran a veces ladridos

y el miedo aumentaba

la distancia entre unos y otros


El futuro era imposible

ya que el día a día

no hacia caminos útiles

solo sendas ocultas.


El dialogo no existía

pues todo era como Babel,

los idiomas

se inventaron para dividir


Poemas sin ritmo

donde se lee el dolor

en cada línea escrita

en cada grito no dicho


La distancia es buena medicina

pero la solución de este dolor

es la cirugía del dialogo

y entender la postura del otro.

Juegos de alcoba

Un leve movimiento
de la yema de los dedos
sobre el rostro de ella.
Un toque de cariño
sin pretensiones
recorriendo la piel
besada con pasión
por sus labios.

El índice de la mano maestra
recorre el hueco del cuello
dibuja unos hombros
que tiemblan
la piel de los brazos
acecha
y la respiración de los pulmones
la despiertan.

Un toque de su dedo
sobre sus manos
y éstas lo apresan con decisión.

Sus ojos marrones,
vivos, jóvenes
la miran,
ya no preguntan.
Sus labios sonríen
los de ella
imitan su gesto.

Cuerpos despiertos
que se animan
con el juego que han ido aprendiendo.
Un juego que termina
o bien acaba de empezar
pero que les ha hecho
sensual
sexual
sensiblemente

más sabios.

Que original... un post sobre la Navidad...

Abro el ojo y miro por la ventana del autobús. Estoy muerta de cansancio y no sé en qué día vivo pero... me he dado cuenta de una cosa: ya estamos dentro de la jodida navidad.

He salido de la oficina este sábado y me he tropezado con la locura colectiva del consumo inusitado, la manifestación a favor del uso del plástico para pagar los regalos a la familia, los adornos, … Vatios y vatios de luz, miles y miles de kilos de mal gusto, luces, dorados, bolas, papas noeles, vírgenes poco creíbles y padres putativos con cara de panolis apoyados en bastones viendo a un niño ario sobre un montón de paja, un niño que tiene de palestino lo que yo de zulú.

¿Os habéis fijado que las tiendas de los chinos, ya de por sí horripilantes, se convierten en la casa de los horrores en estas fechas? El Sagrado Corazón de Jesús y el destello que le sale del centro del pecho, los perros de cerámica tamaño natural, las cascadas de chispitas fucsias y neones, las ropas de colores imposibles, los tangas y bragas rojos, está recorrido por lucecitas de colores que parpadean, con músicas rallantes con las que tienes que tener cuidado porque si las escuchas durante mucho tiempo, cuando menos te lo esperas te están grabando un mensaje subversivo en la cabeza “este año en la cena de nochebuena confiesa a todos que le pones los cuernos a la Mari”.

¿Y qué me contáis de lo que ocurre en Madrid? No hablo de atascos, de marabuntas humanas, de calles y comercios atestados. No. Hablo de la tendencia transformista que posee a todo el mundo que va a los puestos de la Plaza Mayor, donde Chencho perdió a su familia. Es algo típico de la Navidad de la capital, ver en el autobús o en el metro al típico hombre de familia con una peluca rosa, de esas de tiras de colores o con el pelo cardado… Es algo que sigo sin entender aun cuando llevo aquí ya cerca de 7 años.

¿Qué ocurre con el mundo? ¿Nos volvemos momentáneamente locos? Miro el Cortijo y está inundado de luz, forrado de una imagen cristiana que oculta la verdad. Si María embarazadísima y José se acercaran por allí solo les dirían ¿en efectivo o con tarjeta? importándoles una mierda que a quien María va a parir es a la persona por la que han montado la mayor falsedad del mundo.

No, definitivamente la Navidad pone al límite mi pequeño aguante a la sonrisa condescendiente, al recordatorio de que miles de niños mueren de hambre ¿el resto del año no lo hacen?, a los programas ñoños, a las películas de Santa Claus, a los magacines musicales para despedir el año y grabados en agosto, a los anuncios de juguetes, de turrones, de champán…

Es que hay tanta falsedad en todo esto que me resulta imposible creer en el espíritu navideño.

Pero voy a hacer una concesión a la Navidad, y lo haré por mi amigo, la persona con el mayor nivel de espíritu navideño que conozco. Todos los años se empeña en contagiarme de su entusiasmo en vano. Me recuerda a cuando era una niña y me creía todos los cuentos tipo “No pidas mucho a los Reyes que ya sabes que no tienen dinero para todos…” y para mi no tenían nunca mucho pero se las arreglaban bien. Intentaré ver todo esto con sus ojos y quizá cambie mi mala leche en estas fechas.
Mañana colocaré encima de la tele al panzón rojo que me regalaron el año pasado, buscaré en el trastero el mini árbol y mini belén, tamaño estándar para apartamentos y veremos a ver qué pasa.

Cotidianidades

- Resulta curiosa tu manera de coger el periódico.

Marcelo levanta la vista para mirar a su mujer.

- ¿Rara? - le responde escéptico.

- Si, rara. Bueno, puede que esa no sea la palabra, pero es como si llevaras unos guantes de látex. Lo agarras como si toda la mala bilis que el periódico contiene te pudiera contaminar.
- Ángela… deberías encauzar toda tu expresividad en algo más que en descolocarme por las mañanas. Veo que tus clases de taichí han abierto tu hambre creativa, no la derroches con un mendrugo como yo… lo cojo así principalmente para que mis dedos no se manchen mucho de tinta, que ya sabes que los diarios destiñen. Puede que sea bilis, quién sabe.

Ángela suelta una sonora carcajada desde el otro lado de la pequeña mesa de la cocina, casi se le cae el café con leche que estaba tomando. Deja la taza en la mesa, sobre el mantel de cuadros y cerezas, se levanta y se acerca a Marcelo

- Tienes razón, debo desgastar o rentabilizar mi creatividad en otro sitio, no puedes ser tú siempre el centro de mi atención.

Besa su boca con los labios medio abiertos desconcertando una vez más a Marcelo

- Que tengas un buen día cariño, voy a vestirme.

- Ese beso… ay Ángela, que miedo me das a veces y cómo me gusta.

Ángela va por el pasillo riéndose de la ocurrencia de su marido. Una vez en la habitación, se mira en el espejo con marco de madera que está sobre la cómoda. Mantiene la sonrisa y menea alegremente la cabeza. Suspira.

- ¡Bueno! Habrá que hacer algo por vosotras ¡jodidas ojeras!

Comienza a maquillarse y mientras enciende la radio. Es una manía que siempre ha tenido, escuchar la radio por las mañanas. Desde que se casó con Marcelo ese “ruido” no la despierta por las mañanas, ya no escucha la radio por respeto hacia él que, dice, odia que las malas noticias entren en su sueño a una hora tan peligrosa, cuando el subconsciente está indefenso. “Claro que prefiere que le tiñan los dedos las opiniones de los “sabios” del país” piensa Ángela.

Se termina de vestir el uniforme azul del trabajo y echa un último vistazo a su persona en el espejo.

- Otros días hago mejor trabajo pero…

Una mueca divertida le despide del espejo.

Sale de la habitación. El aroma de café recién hecho llega a su nariz.

- ¡2 cafés seguidos es suficiente! – le grita desde el umbral de la puerta de la casa.

Marcelo detiene la taza en sus labios y emite un suspiro de resignación pensando que su mujer le conoce demasiado bien.

“¿Soy tan previsible?... quizás si…. Pues hoy… ¡me tomo 3 cafés!”

Recuerdos y surrealismo

Cuando regreso a la casa de mis padres abro una caja de recuerdos, de olores, de situaciones que me trastocan siempre. Decidí irme hace muchos años pero, cuando regreso, todo lo que veo y huelo he sido y soy yo. El pijama con el que duermo, las sábanas blancas, impolutas, de algodón que huelen a suavizante, los armarios perfectamente ordenados, las toallas con un toque áspero que me encanta, esas cenefas en las baldas, los centros de flores secas, las fotos y cuadros de santos, el punto de cruz, el orden, la pulcritud, el cariño y el amor no dicho, el te queremos en paquetes de comida que me llevo…

Es un lugar al que ya no pertenezco y que es muy diferente a mi, pero cuando llego recoloco mis huesecillos en el sitio que me tienen guardado. No pertenezco pero me reconozco.

Hay muchas cosas que recuerdo pero sobre todo recuerdo un cuadro que ya no está. Fue un regalo que le hizo una amiga a mi madre, un cuadro “perpetrado” con sus propias manos pero desde el cariño.

El tamaño, sin meternos en medidas, era como los que nuestras tías y abuelas tienen en el salón; de la misma anchura del sofá. Enorme, un poco desproporcionado para los salones que se gastaban en la época. Mi madre lo tenía colocado a la subida de las escaleras.

Normalmente estos cuadros representan una cacería, o una casa junto a un lago. Siempre tienen ciervos saltando sobre un tronco caído, un perro blanco con manchas marrones. El de mis padres no. Era totalmente diferente. El cuadro de mis padres era, también, horroroso, más incluso que el de los ciervos.

Era horrible pero le guardo mucho cariño, tanto que, cuando mi madre decidió guardarlo (creo que le dio el “paseo”), le hice unas fotos para que mis nietos y sobrinos me creyeran cuando se lo describiese.

Representa una mezcla insólita de seres irreales, casi mitológicos que poblaron mi mente durante años y que aún ahora provocan mi sonrisa.

En el centro y llenando casi todo el cuadro un río con aguas turbulentas o quizá sea un lago con diferentes tonalidades de blancos y azules. Lo rodean unas colinas de verdes fuertes y suaves (¿quizá sean pinos?).
En la parte superior, entre dos de estas colinas y de tamaño poco creíble surge una casa que deduzco es un molino extraño. De la perfecta rueda de molino que parece la esfera de un reloj Swatch con cadena y todo, sale un chorro de agua que puede sea el que llene ese río.

Sobre las aguas, sobr
evuela un ave enorme con pelaje gris, blanco y marrón a bandas. Se supone que va a tomar tierra o planea reconociendo su territorio. Su enorme ojo nos observa.

En el agua saltan dos peces imposibles. Parecen salmonetes diabólicos con lengua viperina. Está el gordo y el flaco. Cerca de ellos una barca y sobre ella 3 personajes que siempre pensé eran 2 monjas y un torero. El torero navega por las aguas con una pértiga. Están tranquilos, prueba de ello es que una de las monjas osa meter la mano en el agua, cerca del salmonete diabólico más cercano y gordo.

En la parte derecha del cua
dro, se concentran otras naturalezas no menos increíbles que las narradas presididos por un pájaro con dos cabezas, mastodóntico, que mira con ojos golosos a la barca, torero y monjas incluidas y al pez que salta en el agua feliz de ser tan feo. La otra cabeza del mismo pájaro mira de una manera pícara y coqueta al espectador que a estas alturas está bajo los efectos de una sorpresa supina.

A su lado, de un tamaño más pequeño, ridículo diría yo, una típica estampa vasca; un caserío blanco, tejado encarnado, chimenea, su montón de paja tras de sí y acompañado de una hilera de … ¡palmeras!. Efectivamente, todo muy autóctono.

Para rematar tamaña
bacanal creativa, hay un elemento que me descolocaba del todo aun consiguiendo entender el resto del cuadro. Un supuesto árbol coronado por un ser que puede ser una cabra o un caballo panzudo. A estas alturas de mi vida no he podido deducir qué es y qué coño pinta, sea lo que sea, comiendo sobre un árbol.

Con esta descripción de naturaleza caótica al óleo pintada sobre tabla, he entendido muchas cosas de mi infancia y otras que me acompañan hasta ahora. ¿De aquí habré sacado mi manía de analizar todo lo extraño que veo y me asalta día a día?

Todo este caos creativo tiene su explicación. Según mi madre, la razón para este sinsentido era que su amiga lo fue sacando de diferentes estampas de cojines. Y es que hay cojines que tienen delito.

Este adefesio forma parte de mí y de mi familia aunque no lo queramos. Fue una muestra de amistad y eso le quita todo lo de pesadilla y fealdad que pueda tener. Creo que todos tenemos en nuestro recuerdo algún elemento que nos haya avergonzado en el pasado, que incluso persevere en la casa de nuestros padres y que, mal que nos pese, forma parte de nosotros.

Puede que penséis que todo e
sto que os he contado sea falso, que tengo una imaginación extraña. Para que me creáis os adjunto foto (realmente mal hecha) del cuadro que forma parte de mi. Espero que no tengáis pesadillas.

Creo que Iker Jiménez podría sacar mucha tajada de esta obra de arte.


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PoeBroma










Dedicado a esos amigos que me llamaron “mayor"

Hace calor hoy.
Extraño otoño éste
que nos regala días de lluvia
y otros de verano engañoso.
Abro mi congelador
para sacar de su envoltorio azul
mi fresca recompensa
ese sabor suave,
no muy dulce
entre 2 galletas.

Recuerdo cada situación
en la que mis labios
han saboreado la blancura fresca,
mi lengua ha recorrido su contorno,
mis dedos se han pintado
de un marrón afable.
Terminaba mi helado de nata
relamía mi disfrute
acabando por chupar mis dedos
para quitar el resto de pasta blanda.

Fue el helado de mi infancia
que aún me acompaña
como todo lo bueno
como el recuerdo terco.

No es afán de no cambiar,
es necesidad de recrear
las buenas ocasiones.
Hay otros helados,
otros sabores
pero el sándwich de nata
pertenece a una esencia inquebrantable.


Pido desde aquí
de ésta manera jocosa
que se unan a mí
los que disfruten
de este dulce supremo,
nuevos adeptos a mi club
de mayores defensores
del placer blanco, sencillo
entre dos blandas galletas.

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Felicidad momentánea

Ha entrado en el vagón de metro a trompicones, junto con otras 10 personas más, todas por la misma puerta, como si tuviera premio. Aprisionada, sobada, acalorada, intenta llevar su pensamiento a otro lugar pero se detiene en la mujer que está sentada a la altura de sus rodillas. Es una mujer de unos 45 años, melena rubia sujeta en una coleta, lleva una camisa blanca de manga larga y un pantalón negro. Aparta la mirada y la reparte a su alrededor, buscando no sabe muy bien qué. Ve a un chico joven escondido tras sus cascos, intentando parar los movimientos de su cuerpo al ritmo de la música apagada que oyen todos sus compañeros de viaje.

Unas paradas más y el vagón se va vaciando, quedando libre el asiento frente a la mujer rubia. Ahora la puede ver mejor. Sus ojos están mirando al techo de una manera intensa, en un gesto inequívoco de contener las lágrimas. Lo sabe porque ella ha vivido alguna vez esa situación, estar al borde del llanto negándote a hacerlo delante de todo el mundo, pero sin poder evitar pensar en eso que te hace llorar. Algo así como la historia del oso polar y Tolstoi.

¿Qué hacer si ves una situación así? ¿Miras a la mujer de manera compasiva? ¿Intentas esquivar su mirada? Más bien buscas la razón de ese llanto contenido, qué puede haberle ocurrido, si es un llanto de un amor no correspondido, si será por la pérdida de un ser querido, quizá la han despedido…

A su lado se ha sentado otra mujer más o menos de su edad, morena, pelo corto, algo gordita, vestida de negro y con una gran sonrisa. Coge la mano de la mujer contenida que da un respingo

- No se preocupe señora, debe usted llorar sin miedo. Aguantar las lágrimas es reprimir lo malo y quedárselo dentro, déjelo que salga fuera, que se vaya. Una vez leí en una novela que llorar elimina toxinas, y que por eso las mujeres vivimos más que los hombres

Una risa generalizada, suave y musical brotó alrededor de la escena y la mujer del llanto contenido apretó la mano de su interlocutora, cerró los ojos de donde brotaron 2 enormes lágrimas hasta su barbilla.

Siguiente parada. Las puertas se abren y del vagón bajan varias personas con los ojos acuosos y una sonrisa de felicidad momentánea.

Golpe de estado

Recuerdo de tu sonrisa,
derrumbe de mi mundo,
suspiro para acercarte a mi piel
pero ya no existes.
Te has evaporado
diciendo mil veces adiós
oyendo simplemente tu espalda.

Se que me quisiste
un microsegundo en tu vida
el resto lo hice yo
para siempre, aunque te aleje.
Vi tu rostro en el vagón
a 5 metros escasos del mío
pero no eran tus ojos, ni tus pecas.
No existes aunque lo hiciste
pleno, completo y lejano
todo un hombre para mí.
Ahora se deshizo tu cuerpo
queda una esencia que
me sigue estremeciendo.

No comprendo cómo
puedes ser tan fuerte
cuando ya desistí de amarte
¿Porqué esta sensación
tiene más poder
que mi decisión de alejarte?
Si al amor, al deseo,
le das poder
son capaces de dar

un golpe de estado.

Han llegado a mi trono
aun teniendo al mundo en contra.
Nada de lo dicho, de lo planeado,
de lo querido, ha podido con ellos
¿Hasta cuando van a controlar
mis sensaciones? Lo desconozco.
Pero sus descargas, sus estatutos,
sus leyes me perturban
sin ser capaz de hacer nada.
Ahora me encuentro en la resistencia
para derrocarte

e instaurar mi propia esencia
poder seguir respirando

sin sentirte.

Nunca, en mi vida,
pensé que un beso
pudiera tener tanto poder
pero me recuperaré.
Quiero volver a amar,
quiero sentir todo esto
que mis dedos hagan sentir
en otro cuerpo lo que siente el mío.

Una vez derroque este gobierno ilegal
instauraré un sistema de libertad
y me arriesgaré
a volver a perder el control.

Julen

Sueño con los ojos abiertos,
éstos que te vieron de pequeño,
que estas frente a mi.

Te ríes, me haces burla
y yo sonrío contigo.

Tú me haces bien
aun cuando no te vea.

No recuerdo el ovalo de tu rostro
cuánto mides
el tono de tu voz
tu personalidad incipiente.

Seguro que no recuerdas
el hueco de mi hombro
cuando, de bebé, apoyabas
tu barbilla y me derretía.
Es amor lo que tengo
todo para ti, para cuando quieras.

Estamos separados
pero te tengo, me tienes
aunque no lo sepas
siempre, aún sin palabras
lejos, casi inexistente.
Soy para ti y espero
que algún día
seas por ti y te muestres.

Te quiero
sin saber como eres
como serás
sin importarme
no ser nadie.

Algún día nos perdonarás
la estupidez, el egoísmo.
Sé que por ti todo se acabará
lo que nunca debió haber empezado.

Evidente

¿Sabes?
He descubierto algo
evidente
claro
rotundo
cierto
tan real como tú

He descubierto
lo que te cuento
lo que he venido a decirte
te quiero
te amo
te comparto
te complemento
me completas
me rellenas

No sabría decirte
qué soy
solo sé
que soy más contigo
y que conmigo
eres la misma.
Somos dos personitas
completadas
ahora
antes
siempre.

El cielo que nos cubre
el sol que nos alimenta
los ojos que nos miran
las deudas que nos absorben
los besos que nos quedan
los amigos que nos quieren
los proyectos que esperan
todo es nuestro
es parte de ti
tu eres parte de mí

Somos los dos



Morada hermosa, Hola cariño, Me despiertas y éste último Evidente, son poemas para mis amigos Tamara y Enrique que saben lo que es quererse y querer.

Me despiertas

Despiertas en mí
sensaciones que conozco
pero que a la vez
son nuevas

Haces magia con tus manos
tus palabras me hacen reír
tu vida me apasiona
y te contagia la mía.

Eres amor, alegría,
sencillez, complejidad
terquedad y mal humor

Te quiero con los ojos cerrados
sin afeitar, sin peinar
con tu testarudez
tu sonrisa, tu ironía
te quiero así
con tus perfecciones
que no pasaron
las normas de calidad.

Quiéreme a mí también
tal y como lo veo en tus ojos
solo con eso me conformo
porque me gusta lo que veo
me gusta reconocerme así en ellos

Pido a quien deba ser
que todo se mantenga
y que si debe cambiar
sigamos reconociéndonos
en los ojos del otro.

Hola Cariño

Hola cariño ¿qué tal?
Una sola pregunta
transmite todo lo que se ve
y lo que no se dice

Un par de dos
un amor, una amistad
un proyecto, un presente
un rincón, un mundo
un te quiero, un lo siento
una risa, un lamento
una incógnita, un camino
una duda, un recuerdo
un aquí estamos
un qué te ocurre
un no te preocupes
tranquilo, estoy aquí

Comenzó en un curso.
Formación de noveles
curso de irse conociendo
líneas paralelas
que sin ciencia necesaria
se cruzaron, se reconocieron
y se amaron.

¿Qué tal estás? Un beso
y la carga de dos
es media
¿Cómo te fue? Y lo que digo
es un te quiero
con el silencio de la mirada.

Pareja de dos universos
en un mundo de locos
Pareja de orates alegres
que comparten su locura
que contagian, contaminan
y terminan sonriendo
sin saber porqué
sin querer saberlo
dado eternas gracias.

Morada hermosa

Morada hermosa
la que llega desde donde estás
en ese lugar quiero quedarme
donde hagas hogar no me apartaré

En la esquina de tu sonrisa
he colocado mi primer ladrillo
Ha sido fácil reconocer
el mejor lugar para vivir

Un aliento de amor comienza
es una brizna que de la amistad se escapa
argamasa de futuro lo llaman.
La obra sigue en pie, hermosa
todo se levanta en torno a los dos

Es complicada la obra, pesada
pero a veces tu mirada
reparte luz, coloca puertas, ventanas
y lo que parecía un lugar frío
se convierte en el mundo
que un día soñamos
el universo que iniciamos y es nuestro.

Seguiremos los dos,
construyéndonos.

Escena Familiar

- No la dejes ahí, me molesta.
- Siempre te molesta todo, Ángeles
- Me molesta que me repliques siempre Manuel

Era la conversación diaria, la señal de que su vida seguía el pacto no escrito de su matrimonio. Más de 40 años de estar juntos, de saberse, conocerse, amarse y no soportarse. Discutir les daba seguridad de que todo seguía su camino, su ritmo. Esas protestas eran la señal de que no podrían estar el uno sin el otro. La costumbre debe ser eso, conocerse tan bien que provocas la ira del otro para saber que sigues vivo.

Manuel quitó la escalera de la pared y se dirigió al trastero para guardarla.

- Ángeles, el próximo día arreglaré la bombilla, ahora no veo nada

Ella esta vez optó por callar y morder la manzana que cogió de la cocina mientras veía a su marido guardar la escalera, apareció un amago de sonrisa burlona en su boca. En definitiva, era lo que ella quería, que no se pusiese a arreglar la bombilla en ese preciso instante en que tenía que venir su hijo. “Tiene la maldita manía de hacer cosas en el momento menos oportuno”.

Hacía tiempo que Joaquín no pasaba por casa. Debía ser algo importante para que su hijo les hiciera una visita. Lo estaba pensando entre mordisco y mordisco. Que diferencia entre los hijos y las personas en que se convierten cuando salen de la influencia familiar para crear su propio universo. Joaquín tan amoroso, tan tierno con ella, siempre un beso, un abrazo, dispuesto para agradarla.

Ahora ya no era el mismo, la vida, el trabajo. No sabía porqué pero la alegría de su hijo se había perdido. No era quien para juzgarle y tampoco podía ayudar, era su vida. ¡Que injusto es el paso del tiempo! Los roles se modifican y los caminos que tu iniciaste, ya no te pertenecen.

Mientras sus pensamientos derivaban por los derroteros filiales, los de Manuel estaban puestos en Ángeles. La miraba de reojo mientras comía. Sabia que la quería pero le costaba reconocer a la mujer que conoció hace tanto tiempo ¿Cuánto? Ya no se acordaba.

En algún momento debería contar lo que ocurría con su mente. Las lagunas que le sorprendían, los recuerdos salteados. El encontrarse en una habitación desorientado, asustado y haciéndose la misma pregunta “¿Qué demonios hago aquí?

La mayoría de las broncas con su mujer eran debidas a lo que ella llamaba “despistes”. Manuel estaba preocupado pero, como todo, si no hablas de lo que te preocupa es como si no existiera. Así intentaba pasar los días ocultando lo que cualquier día sería imprevisible.

El timbre suena en la casa. Ángeles se levanta con dificultad de la silla. La edad, esa cruel carrera que no se inicia de manera voluntaria y que siempre te gana irremediablemente, dejando atrás un cuerpo cada vez más ajado y achacoso. Son 70 años los que tiene Ángeles, 72 los de Manuel. Demasiados años y una experiencia que ha sido la misma para otros muchos antes que ellos.

Al abrir la puerta, Ángeles se encontró con la mirada fría de Joaquín “Debe ser serio, ese vacío que trae consigo no es buena señal”

- Hola mamá- entró evitando sus ojos, dándola un beso en la mejilla como simple procedimiento aprendido.

- Hola hijo, ¿qué tal…

La pregunta quedó en el aire. Su hijo estaba ya en el salón hablando con su padre, preguntándole pero mostrando su intención de no escuchar.

- ¿A que has venido? - La madre había hecho la pregunta y no creía lo que acababa de decir. Pero no aguantaba esa actitud, ni siquiera de ese hijo tan querido.

Joaquín endureció más su mirada, lo que significaba que, efectivamente venía a pedirles algo, a contarles quizá lo que sabía no iba a tener su aprobación.

Tenía 40 años, casado, con tres hijos. Un trabajo importante en una multinacional una vida cuidadosamente tejida y preciosamente decorada. Una vida, en definitiva, vacía. No tenía tiempo para disfrutar de su tiempo ni de su familia en la que era ya un extraño. Ni siquiera disfrutaba de su trabajo, el que le llenaba todas las horas.

Se sentía acorralado, lo único que le apetecía era parar y gritar. Gritarle al mundo, gritarse a si mismo el porque ha tirado todos esos años por la borda, por creerse las verdades que le plantearon. La culpa era de esos dos ancianos, ellos fueron los que pusieron la primera piedra de su desdicha.

Un momento. ¿Qué estaba diciendo? Era él el culpable de todo lo que le ocurría, pero su rabia cegaba la verdad. No era momento de lastimarse si no de lastimar. Era lo que su ego le pedía en esos instantes…

Que jodidas eran las crisis, sobretodo para los que están alrededor. Si, porque hagan lo que hagan, siempre será incorrecto.

Manuel miraba los ojos perdidos de su hijo y se dio cuenta de la persona desconocida en que se había convertido, incluso para si mismo. Se decidió a decir lo que pensaba en ese momento, sin esperar a que les contara nada de lo que había venido a decir.

- No debes preocuparte hijo. Tu decisión es a todas luces incorrecta, pero tarde o temprano tu equivocación te llevará al camino correcto. Todos hemos tenido esa encrucijada.

Joaquín vio la limpieza de la mirada de su padre y entonces comprendió que lo que había venido a decir no era importante. Es más, ya no sabía lo que iba a decir. Llegó a la conclusión de que lo que necesitaba era la tranquilidad de ese lugar para colocar todo en su sitio.

Se daba cuenta de que su vida estaba totalmente equivocada, pero que el camino seguía ahí, tenía tiempo de reaccionar.

Una sonrisa se dibujó en su cara, una sonrisa que se convirtió en risa calmada, agradable por que en ese momento su madre se acercaba con el chocolate.

“Eso es Ángeles, el chocolate es la unión de esta familia –pensaba Manuel-. Cualquier problema se derrite dentro de la taza, es su teoría, todo se ve de diferente color después de tomar un buen chocolate caliente. Es una mujer fuerte, decidida, maravillosa pero desarma con su sencillez, con su mundo particular donde todo es posible y del que siempre nos hace partícipe. Definitivamente sigo queriéndola…”

Ángeles vio entrar en casa a un extraño pero descubrió a su hijo sentado en el sofá del salón, sonriéndola.

El hijo no contó nada de lo que iba a decir, ya no tenia sentido, y se descubrió emocionado por escuchar a sus padres.

El sol iba declinando sus rayos en la tarde en que la vida gris, sin sentido, perfecta y decorada comenzaba a tener el color que siempre debió tener.

Agosto de 2005

Madrid

Bosques metálicos
sobre un manto ocre
es la bienvenida
que me ofreces

Cuando regreso
sonrío al descubrir,
cada vez antes,
cuándo inicias tu espacio

Llegas y perteneces
te abriga sin preguntar
e intenta asustar con su tamaño.


Si paseas por sus barrios
no te asustes por los ríos de gente
de coches, de mal humor
Mira a los ojos
de la gente
mira hacia arriba
descubre
solo eso, descubre
ella se abrirá de nuevo
para sorprenderte.

La luna y su reflejo

Hace unos meses mis amigos Tamara y Enrique me pidieron que les escribiera un poema para leerlo en la celebración de su boda y les escribí varios (una se pone…), y es que es pensar en los dos, en su amor y las palabras brotaban solas, qué le vamos a hacer si es cierto que son almas gemelas y que transmiten todo eso que son y sienten. Son uno y su reflejo.

Este es un pequeño poema para dos personas importantes para mi, muy queridos, muy próximos. Ayer el viento tuvo su propio protagonismo y no nos dejó escuchar a los que tan bien lo leyeron, así que aquí lo tenéis (se lo pido prestado a sus dueños).

Aprovecho que Tamara y Enrique estarán preparando la escapada a la Gran Manzana para agradecerles todo el esfuerzo que han derrochado en la celebración de ayer que fue una reunión de amigos y familiares - va a sonar cursi pero es así - encantadora.

¡Mil gracias mis queridos amigos y vecinos de este INSIGNE BARRIO DE VILLAVERDE BAJO! - barrio periférico de Bilbao :o) -


LA LUNA Y SU REFLEJO

Se miró en ese estanque
por primera vez.
No había tenido nunca
necesidad de hacerlo.
Era feliz y vivía completa su existencia.

Luna que sale tarde, sola,
blanca y llena a veces,
media y roja otras
con traje negro cada poco.
Luna completa siempre,
acariciando lomas,
puntas de hojas oscuras
besando suave las flores cerradas
azulando pueblos solitarios.

Ese día del que hablo
llevaba su traje níveo
y se sentía media, pero ella.
Sonreía por todo lo que tenía a su merced
poseedora de un don cálido y oscuro
que tinta de romance
esas noches de verano.

Su mirada recorría todo
y se detuvo en un brillo
azul también, pero más claro,
casi impertinente.

Esa curiosidad que descubre
le acerca a la orilla
de un estanque pequeño,
tranquilo, limpio,
sin marca de viento
sin líneas de caminos incompletos.

Mira y se sorprende de ese brillo
sabe que es su color, su esencia
pero hay algo que le atrae
y allá se complementa

Su reflejo la interroga
¿Por qué tardaste tanto?
Hasta hoy no sabía que te buscaba
¿Qué sientes al verme?
Que te echaba de menos
¿Qué quieres decirme?
Que si miro en ti me reconozco

Definitivamente no esperé en vano
Viajo desde siempre
de estanque en estanque
de pozo en pozo,
de océano a mar.

Todas las noches
las llenas, las medias,
las más oscuras
me encontraba en diversos lugares
cada día diferentes,
sin pertenecerme.

Pero no sé porqué, hace tiempo,
arribé a este estanque,
azul, solitario, en paz
y supe, sin razón aparente,
que debía quedarme.

Hoy lo descubrí,
era tu presencia la que esperaba.
Todo lo que antes hice, viajé y disfruté
era para completarme en este día.

Ahora, Luna y Reflejo son uno.

Ella sale a diario
blanca y llena a veces,
media y roja otras
con traje negro cada poco.

El reflejo le acompaña sonriéndole
esperando su regreso
azulando también pueblos,
desde ese encuentro,
ya menos solitarios.

Teorías

¿Dónde está el límite entre la locura por amor y la soberana gilipollez?
En el nivel de ceguera de uno y en el grado de cobardía del otro. En el olvido de la dignidad o la pérdida del yo egoísta. En la necesidad de respuesta, en un simulado desinterés, en un horror a la franqueza.

¿Quién o qué es el que te indica cuándo has pasado hacia ese error, hacia ese grado de estupidez transitoria?
Puede que la repentina valentía del otro, una sinceridad arrolladora y cruel pero balsámica. Puede que una sensación de ridículo semejante a estar desnudo en el metro. Puede que una maldita sustancia química –la feniletilamina- que, como todo en su momento, deja de cumplir su función ( P
ínchese aquí para poder leer un artículo sobre la química del amor).
¿Cuándo se da uno cuenta que se ha rebasado la línea, cuándo recuperas tu alma equivocada? En este caso no tengo respuestas. Debería haber una guía donde, respondiendo a un sencillo test pudieras saber si:
a) Estás viviendo una bonita historia de amor, honrada, pasional, correspondida donde caben locuras de amor.
b) Vives el amor de una manera cabal que solo dan los años de convivencia.
c) Estas rebasando la línea, estas siendo un soberano gilipollas.

En las dos primeras opciones entrarían unos cuantos, es la verdad, y la suerte que tienen, pero en la tercera opción hay lugar para muchos, muchos, muchos…

Seguro que caben muchas más posibilidades, no en vano la pareja está formada por más de uno y eso multiplica los posibles resultados y opciones por 1.000.

Si la mujer, en su sencilla complejidad, abre un mundo de opciones, el hombre, en su sencillez sin vueltas, las multiplica exponencialmente. Y eso poniéndole género a la cosa. Imagino que se puede generalizar (con talante, eso sí) a todo tipo de parejas en la que uno de ellos se plantea un mundo repleto de grises y de matices coloristas y el otro no es que tenga dos colores sino que no le da la más mínima importancia al tema.

Mi teoría de las relaciones, sus características y velocidades. Entre dos es difícil mantener una igualdad de criterio y de ahí lo complicado de la convivencia y del amor. Y esto no es que sea complicado, sino que es imposible cuando uno tiene una velocidad y el otro solo una marcha: la huída.

Cuando te das cuenta de esto… ¡es cierto! Ahí es donde das el paso de locura de amor a soberana gilipollez. No se debe arrepentir uno de haber llegado hasta ahí, ni de haber dado ese paso, es el más decisivo, el más real, el que te hace tomar una decisión (endeble y sujeta a recaídas, eso sí) de recuperar tu yo egoísta y seguir tirando.

La huída del otro es un camino de no retorno pero también es una pérdida de momentos irrepetibles como los vividos por ese gilipollas transitorio. Solo se puede sentir por el huido Com-pasión*

¡Gilipollas solemnes, solemnes gilipollas del mundo, uníos! Ahora os sentís así pero, para llegar hasta aquí se han descubierto nuestras almas al mundo… claro que ahora hay que ir
recogiendo sus trocitos e ir pegándolos de a poco, pero ese trabajo habrá merecido la pena.

* Compasión: "saber vivir con otro su desgracia, pero también sentir con él cualquier otro sentimiento: alegría, angustia, felicidad, dolor (...) es en la jerarquía de los sentimientos el sentimiento más elevado" (Definición de compasión tomada del libro de Milan Kundera "La insoportable levedad del ser" -libro del que recomiendo su lectura-)

Recuperación de la Memoria

"Hermano, tenés que ponerte al día.
Democracia es amnesia, ¿no lo sabías?"
Andamios de Mario Benedetti


Historias ocultas bajo toneladas de tierra, toneladas de minutos silenciosos, silencios de complicidad simulada tras la ignorancia.

Años de no aprendizaje, injusticia institucional disfrazada de transición tranquila. Desenterrar los huesos viejos no es resucitar odios, es enterrar y localizar no tan lejanos dolores.

Justicia sencilla, recuperación de la memoria que, aún desconociéndola, es parte de nosotros.

Localizar el resultado de los dolorosos enfrentamientos de la Guerra Civil es recordar y reconocer lo injusto de los enfrentamientos de las verdades absolutas que aún hoy vivimos.

Justo es recordar muertos invisibles, represaliados, perseguidos cuyo error fue pensar diferente. Recordar mujeres peladas, azotadas, violadas, la sinrazón de las “sacas”, el terror como arma.

Cómo olvidar los muertos, la guerra, el hambre, el pensamiento único, los bandos, el vencedor, el vencido, el odio, el rencor, la venganza.

Cómo no afrontar también el perdón, la reflexión, la convivencia, el reconocimiento. Gritar tantos años de ocultamiento, de negación, poner lugar de luto a tantos desaparecidos.

En el año de la Recuperación de la Memoria Histórica no seamos amnésicos o ignorantes, seamos partícipes de esa recuperación de una memoria que nos pertenece, de una historia que somos todos.

Personaje del 40

Mujer de pelo azul con cara de “¿qué coño miras?”, y cómo no mirar así si tienes imagen de andrógina selenita. Tu cuerpo plano por todos los lados, un rectángulo en 3D alto y estrecho. Vistes una falda corta sujeta por los huesos puntiagudos de tus caderas, un top flojo donde no se adivina ninguna forma redondeada. Eres la mujer-arista que coge conmigo todos los días el 40.

Ahora que puedo mirar a mi antojo tu rostro, tu cabeza, tu pelo, me recuerdas a Felipe el amigo pesimista de Mafalda. En una tira cómica Mafalda para hacerle un retrato coloca un zapato de su padre y sobre él una zanahoria; ese es tu perfil, alargado que a partir de la nariz se proyecta hacia delante. Tienes un perfil Felipe-Quinesco.

El gesto de tu cara no puedo decir que sea amable, pero es que ninguno de los que veo, ni el mío propio, puede esbozar una sonrisa a estas horas de la mañana. Es como si estuviéramos enfadados con el mundo, como si todo a nuestro alrededor nos atacara. Tienes gesto huraño mi compañera de asiento, gesto adusto como el mío, en eso nos comprendemos.

Todos los días lees un panfletillo, un cuaderno del tamaño de una cuartilla, como esos de las instrucciones de los aparatos electrónicos. No tengo idea de qué se trata, pero lo tienes tan manoseado que las esquinas están redondeadas de tanto pasarlas, las hojas como cedidas y abombadas.

Tengo tanta curiosidad de saber de qué se trata como vergüenza y prudencia de preguntarte, así que seguiré dando a mi imaginación la oportunidad de jugar con la posibilidad. La que más gana es que se tratan de frases hechas en español e inglés u otro idioma. ¿Te vas de viaje y estás preparando tu lenguaje de bolsillo? Quizá trabajas en agosto en esa peluquería para poder ahorrar dinero e ir a algún sitio en temporada baja. ¿Te has comprado un home cinema y no sabes cómo se monta? No, demasiado obvio y ridículo. ¿Un examen de peluquería y en el texto te explican cómo aplicar bigudíes? Tampoco. Estúpido, lo sé.

¡Ay chica! En estos días he intentado acercarme disimuladamente para saber qué lees en esos papeles, miro por encima de tu hombro microsegundos mientras me acerco, me he colocado a tu lado pero me cuesta ser tan descarada. Esa sucesión de líneas me llama más la atención que tu pelo, tu cara, tu extremada delgadez, pero aún no he podido saberlo.

*-*

Hoy no te he visto y es que agosto termina y con él regresa todo el ejército humano que puebla esta ciudad... mi horario, mi lugar de trabajo, mis compañeros de viaje en el 40 cambiaron y puede que no te vea más.

Pero tengo la seguridad de que te reconoceré en cuanto te vea, mujer-arista, y si eso ocurriera y volvieras a tener entre tus manos ese panfleto misterioso, haría de tripas corazón para convertirme en una mujer cotilla, acercarme hacia tu rostro sin sonrisa y preguntar "Perdona que te aborde de esta manera pero no puedo seguir viviendo con este come-come interior... ¿qué es lo que lees?" descubrir tu cara de sorpresa y tus brazos extendiéndome esas cuartillas, sin tiempo a reaccionar y mandarme a tomar por donde no le da nunca el sol que es lo que, cuando te recuperes de la sorpresa, querrás hacer.

Por de pronto te has convertido en uno de mis personajes, con tu permiso o sin él, formas parte de mi propia literatura.

Gracias mujer-arista, nos vemos en el autobús un día de éstos. Tengo preparada para ti una pregunta que nunca haré y la promesa de una sonrisa al menos.

Caballero Solera

Estraperlista, trovador, romántico
torturado por la Guardia Civil,
un hombre y ante todo un caballero

Mil y una vidas,
mirada de gato triste
rezo, virgen y sexo,
mujeres de antes y ahora
incomprendidas por su cabeza
de caballero andante.

El puro y el aroma seco,
rudo, caduco, entrañable.

Aparecen tras su puerta mujeres
amores furtivos, locos y bellos
que le traen lo bueno de la vida.

Lloros, lágrimas disfrazadas de carcajadas
“Si hay algo que la moleste, señorita,
usted perdone. Mi intención no es mala,
está usted con un caballero”

Sonrío y escucho.
Relata y revive.
Por un momento
es aquel golfo que sigue siendo
y sus ojos de gato triste
dibujan un lienzo de alegría.

Caballero andante con noble lucha
honor y honradez su escudo
puro y piropo trasnochado
sus armas resplandecientes.

Caballero Solera
de ochenta y dos inviernos
de 18 primaveras rememoradas.
Sobreviviente de su soledad acompañada.
Paladín de un mundo inexistente
del que él es el rey.

Revelaciones

Las Revelaciones son bofetadas
abismos claros y rotundos
aparecen como los amigos pesados
que de pesados no son amigos.
Vienen si, sin avisar
caen como losas
para destruir tu falsa ilusión.

No solo hay Revelaciones divinas
que también desmoronan por dentro
cuando descubres que Dios
no hace falta en tu vida.

No persigo esta Revelación
porque no me ayuda a vivir
quizá me servirá en mi último esfuerzo
y en ese momento dará igual sentir
que Dios es la gran falsa ilusión.

Hay Revelaciones diarias,
bofetadas más reales.
Cuando descubres el baúl
de las verdades que ocultaste.
Cuando ves al otro
donde realmente está.
Cuando escuchas y crees fielmente
las palabras que te dijo.
Cuando abres los ojos
y dejas de llorar.

Entonces, cara de sorpresa,
entonas el “he sido una imbécil”
y comienzas a construir
lo que de ti queda.

Otra Revelación aparece un buen día.
Tienes un saco de responsabilidades,
eres tu único soporte,
sin ti no tienes sentido,
estás solo frente al mundo
y tu mundo te pertenece.

Revelación abismal también
tambaleándote agarras tu vida
para controlarla y creas la nueva ilusión
de que te pertenece
En el futuro otra Revelación te hará ver
cuán equivocado estás.

La historia es una sucesión de Revelaciones
recurrentes en la mayoría de los casos
pero tus abismos son los más reales
y los que hacen que se te caigan
las gafas de no verte.

Me bilbainizo...


Lo noto, va poseyéndome sin que pueda ni quiera evitarlo. Ya está aquí Marijaia y la semana más larga de Bilbao, ya está aquí la Aste Nagusi.

El espíritu de esta fiesta sube por mis pies dotándome de unas zapatillas, las más viejas y cutres ya que puede que no sobrevivan; va por mis pantorrillas hasta mi caderas y ya tengo puestos los vaqueros; llega hasta mi barbilla y visto una camiseta y el pañuelo azul está atado a mi cuello.

En mi mente se oye el ruido ensordecedor de músicas diferentes que te indican que acabas de pasar de una txozna a otra (pronúnciese “chosna”, son las casetas de las comparsas bilbaínas que surten de carburante líquido y sólido a la buena gente que se acoda como puede a su barra).

Diez días y noches de fiesta. Pero no solo es el vaivén de gente, la alegría, la bebida y la borrachera, los bocatas de chorizo a la sidra, los fuegos artificiales y las comparsas, las cuadrillas, el ambiente de fiesta, el olor a pis del Casco Viejo, los punkies sucios durmiendo en los parques, los chicos disfrazados de mujer (siempre hay alguno, digo yo que serán travestis frustrados que aprovechan las fiestas como excusa), los que se suben a los semáforos, los que intentan escalar el mástil de la ikurriña frente al Arriaga como si de una cucaña se tratara, el terminar hasta las orejas de kalimotxos… Es eso y más, es el bilbainismo que se respira por todos los lados.

En la televisión por ejemplo. El año pasado, por desgracia, estuve postrada por un "jodioesguince" y no pude disfrutar de las fiestas pero vi todos los programas que pude en las televisiones locales.

Los bilbainos en esta semana somos más bilbainos que nunca, somos los mejores, los que mejor fiestas hacemos, los más elegantes y chulos, los más amables y los mejores anfitriones, el resto de festividades a nuestro lado son fiestas de barrio y, permitidme esta licencia al menos hasta el 27 de agosto, es cierto. Bilbao es la capital del mundo, la mejor, la más divertida, alegre, sucia, mal oliente, la que mejor sabe divertirse…. ¡¡Bilbo forever!!

Ya está, ya llegó, ¡soy una bilbotarra de pro! No he podido resistirme mucho ¿verdad? Pero es que es algo tan fuerte… Es un caso inocente de locura transitoria, no os preocupéis.

En estas fechas no hay sitio para odios, malos rollos, políticas y estupideces varias. Bueno, siempre los hay que les da por escalar fachadas por quítame tu de ahí ese trapito, pero “iluminaos” hay en todo el mundo mundial, Bilbao en eso no se iba a escapar ¡No es tan perfecta!

Llevo años sin poder disfrutar de las fiestas y este año desde mi querido Madrid siento morriña, pero se que mis amigos disfrutarán por mi ¿verdad Charo? ¡¡¡Un bokata de txorizo y un patxaran con muchos, muchos hielos a mi salud!!!.

Gora Marijaia! Gora Aste Nagusia! ¡Viva Marijaia! ¡Viva la Semana Grande!

Una bilbo-enajenada.

Nota: Para que os “empapeis” de la historia y características de esta fiesta, podéis echar un vistazo a la página de las comparsas bilbaínas.

Llueve

Agosto. Madrid desierto. Lluvia.

Algo increíble pero está ocurriendo en este preciso instante. Se han alineado los astros y tenemos lluvia en Madrid. Cae sobre calles semidesiertas, sin atascos, sin agobios, sin gente…

Esta ciudad me apasiona, me emociona y sigue sorprendiéndome…

¡Y yo aquí trabajando!

Ahora mismo saldría a mojarme, a calarme hasta los huesos, a que toda la contaminación de esta ciudad me tiñera la piel.

Me quedaré sentada con mi imaginación que siempre me hace tanta compañía y dejaré mis deseos de protagonista cinematográfica para este espacio de letras.

Madrid 17 de agosto a las 11:11

Mi tierra... o no...



Honor, silencio, indiferencia, manifestación, provocación, errores, bandos, banderas, muertos, víctimas, verdugos, dejarlo estar, no perdón, no olvido, rencor, odio, diálogo, cuaderno nuevo, imposible, convivencia, país, tierra, cultura, hermano, vecino, amigo, mar, tierra, mesa, comida, música, ama, aita, abuelo, abuela, paz, iguales, diferencia, política, humor, txikito, pelota, toros, apuesta, botxo, pueblo, taberna, canción, fiesta, pañuelo, txosna, abierto, sonrisa, apretón, abrazo, “kagüen zotz”, marmitako, txoko, carcajada, marinela, sevillana, adopción, terruño, lejanía, importancia, relativo, mezcla, identidad, multiplicidad, avance, impureza, perfección, humildad, información, incredulidad, abertura, simplicidad, tu, yo, el otro, raíces, ramas, olores, monte, dolor, cárcel, muerte, pintadas, carteles, nombres y nombres, fotografía, crespones, fuego, imágenes, dureza, piedra, lucha, incomprensión, ataúd, aplauso, inocencia, culpa, socio, manos duras, txapela, desconfianza, lealtad, amistad, cuadrilla, fútbol, Athletic, leones, fanfarrón, pues, modernidad, titanio, Puppy, valles, montaña, risco, arte, color, expresión….

País Vasco, Euskadi, Bizkaia… es esto y mucho más. Si lo comparamos con otros lugares ¿descubrimos diferencias? Si las hay son nimias y/o estúpidas y no sirven de mucho. Euskadi es lo que le dejamos ser, soy yo y es el que no lo conoce, el que lo ama, el que lo critica y el que lo teme.

Siento un pequeño alivio en este momento complicado en el que vivimos. Deseo la paz, deseo la información y la capacidad de ver más allá del odio y el rencor por todas y cada una de las partes. Difícil, complicado y doloroso.

Ojalá, en un futuro no muy lejano, seamos un lugar más, donde la diferencia mayor sea nimia y/o estúpida y no tenga que ver con las armas y donde nadie tenga “toda la razón”.

Avance. Retroceso

Inmensidad del sueño
Deseo de lo desconocido
Avance hacia él
Llegada, ilusión, emoción
Desconcierto, conocimiento
Ya no es un sueño
como realidad, te decepciona.

¡Mierda! Otra vez debes mirar
y descubrir un nuevo horizonte
allá lejos, parece inalcanzable
pero sabes que es cuestión de tiempo.
Echa a andar, a conocer.

Ilusiónate
Prepárate para una nueva decepción
La decepción de la madurez.

¿Con 80 años se acabará tu horizonte?
¡Ni hablar! Con 80 años comenzarás
a desandar lo andado
para recuperar todas tus ilusiones
y prepararte para la utopía definitiva
de la que nadie regresa.

Caricias

Caricias eternas que recorren la piel
Caricias invisibles pero intensas
Caricias de tu sonrisa y tu mirada
Caricias lejanas y tristes
Caricias, caricias, caricias

Cada poro del cuerpo pide una,
miles son las que le adeudo
Un poema me ayuda
a paliar el contacto de otra piel
Una canción reiterada,
una y otra vez me roza
Gota de agua salada
impertinente
recorre mi mejilla
Una caricia sin esperanzas
prometida y olvidada.

Devaneos mentales (II)

Esta mañana he visto algo en el tren que me ha dado por pensar y reflexionar como solo a mi cabeza se le ocurre. En el vagón en el que estaba normalmente iríamos apiñados cachete con cachete y bolso con riñón pero hoy tenía la posibilidad de rascarme la nariz y de observar mejor, sin problemas.

En el espacio entre los grupos de asientos está de pié un chico alto, largo, delgado, con la cabeza chiquita. Lleva un traje de color beige que cualquier diseñador podría llamar “atardecer en Acapulco” o “marrón-kiwi en el tercer mes de maduración” pero que es un beige de toda la vida. Es lo de menos. El pantalón arrugado como si ya llevase un viaje de una hora o más sentado en otro tren, la chaqueta impoluta, ni una arruga, camisa color… en ese detalle no me fijé pero seguro que era blanca.

Tiene el pelo corto y negro, la cara alargada y delgada, ojos oscuros, mirada de hombre inquieto, nariz pequeña, normalita y debajo… una carrera de hormigas en pelotón y fila de a 1000.

Ahí mi apreciación total de esa persona cambió, lo reconozco. Son mis prejuicios a los bigotes, pero es que la cabeza de este chico pequeño en comparación del cuerpo cambia con ese bigote; se “arratona”, como si el pelo sobre el labio superior hiciera de barrera para que los dientes no acaben saliendo disparados de la boca. El caso es que, sin bigote, su cara es dulce, pero ese bigote…

Tiene un libro en la mano, gordo, con pastas azules, es como una Biblia de bolsillo, con sus hojas de papel de fumar y letra pequeña, junta. Si no hubiera visto el título hubiera pensado que ha sido el primer libro que ha cogido de la estantería “para quedar bien en el tren”, pero no, es un libro de leyes, de derecho administrativo o algo así.

Después de entretenerse con un periódico gratuito, de esos que te estampan a la entrada de las estaciones a primeras horas de la mañana, abre el libro por una página, accidentalmente, como cuando se abre un libro de citas para ver si te iluminan el día. No sé si es esa su intención, pero una frase tipo “Si el recurso se hubiera interpuesto ante el órgano que dictó el acto impugnado…” te tiene que dejar un cuerpo…

Entonces comprendí su gesto duro y su mirada de hombre inquieto parapetada por un bigote que le convierte en un hombre-ratón. Leer eso todos los días debe corromper el alma de cualquiera.

Hemos llegado a Nuevos Ministerios, él se baja, yo me bajo y mis ojos se entretienen en otro lugar, en otra persona.

Así, en mi ambiente social diario, me da por diseccionar al personal y analizarme como persona, darme cuenta lo equivocada que puedo estar o los juicios que puedo emitir sin más información que mis absurdas reglas sociales. Así somos un poco todos, un saco de ideas preconcebidas que nos hacen catalogar a la gente con la que nos cruzamos.


Para el chico-ratón que espero perdone mi atrevimiento.

De frágil bronce

Hace tantos años que estoy aquí que a veces pienso que soy parte de esta tierra, que nací de ella y le pertenezco. Desde mi posición veo el parque y mas allá las calles que han ido cambiando cada año. Me hago a la idea de que avanzo por ellas hasta donde abarca mi vista, allá lejos donde el mundo se acaba para mí.

Los árboles me acompañan día y noche pero no hablan, sólo susurran el orgullo de poder moverse. Me descubro envidiando sus suaves movimientos, la arrogancia a la hora de lucir sus ramas sin el manto verde cuando irremediablemente el frío llega al parque.

Lo que daría por sacudirme de encima a las palomas, pájaros grises y desconsiderados donde los haya, o hacer burla al transeúnte que me mira sin verme, o gritar al sol justiciero de verano que deje de calentarme la cabeza.

Mi quietud es parte de mi esencia, mi porte de erudito lo que trasmito, aun cuando sé que soy transparente para la mayoría de los paseantes.

Todos los días amanece y anochece en mi trozo de planeta y todos los días son distintos aunque la gente que pasa a mi lado sea la misma. El tiempo transcurre inexorable y hace que me cueste reconocer a las personas que comparten conmigo este espacio pero sé que son ellos. Todos con sus rutinas, sus paseos, sus vidas. A veces pienso que no se diferencian tanto de mí porque van con sus soledades a cuestas. Pero sí son diferentes a mí, porque son capaces de moverse, de llorar, de reír, enfadarse y además sé que no son como yo porque de repente desaparecen, no vuelven más y me doy cuenta entonces de todo el vacío del que estoy hecho.

Qué malo es estar tan solo. Si fuera como Baco, siempre tan alegre, tan divertido, tan borracho, o como Apolo, deseado y rodeado de bellezas que no paran de hablar pero que hacen compañía con sus vidas, todas sin sentido, pero complementarias. Aunque creo que se siente infeliz porque está rodeado de bellezas que nunca podrá disfrutar, ni tocar. Todos tenemos nuestra propia desdicha. En mi caso, estoy solo, con mi barba larga, mi porte mayestático, mi nombre borrado por el tiempo. Hace mucho que olvidé quien soy y el porqué estoy aquí. Antes, al inicio de mi existencia, me colocaban flores y me quedaba el orgullo de saber quién era. Pero ¿ahora? Me siento solo.

*.*.*.*.*.*.
Desde mi último pensamiento han transcurrido días, meses, años… ni sé el tiempo, pero hoy me ha despertado una mirada.

Sí, una mirada fija en mí. Toda la mañana fijos sus ojos en los míos. Qué sensación me ha invadido. Unos ojos verdes, dulces y profundos se han posado en mi cuerpo, y yo hipnotizado sin poder dejar de mirarla. Me ha hecho compañía durante un tiempo. ¡He sentido su presencia tan cerca!

Pero se ha ido.

*.*.*.*.*.*.
Creo que estamos en primavera, los pájaros están revolucionados, revolotean a mi alrededor, sus gritos se mezclan con los de los niños. O no, es el inicio del verano, cuando todo el mundo pasa a mi lado como si fuera la sangre del parque; rápida, alborotada, llena de vida. Cómo me gusta sentir la vida a mi lado.

Ella ha venido y se ha sentado en el mismo banco. Me sorprendo mirando cómo se prepara, cómo se mueve. Sin darme cuenta, parece que casi en el mismo instante que poso mi mirada en ella, está anocheciendo. Es como si todo se parara a su alrededor. Aparece y todo se ralentiza. Tiene el poder de tranquilizar el mundo imitando mi quietud. ¡Qué extraña me resulta!

*.*.*.*.*.*.
Hace días que no hago otra cosa que observarla. Cada detalle de la luz que proyecta, las risas de los niños cuando se percatan de su presencia, le echan una moneda y provocan su movimiento. ¿Puede que sea envidia lo que tengo? ¿Como la que siento por los árboles? Definitivamente no es envidia, creo que no, porque los árboles me provocan indiferencia, en cambio ella… no sé qué me provoca verla.

*.*.*.*.*.*.
Comienza a hacer frío, lo noto en mi pedestal. Va subiendo como una sombra invisible hasta llegar a mi nuca y lo noto también por la poca presencia de gente a mi alrededor.

Ella no está.

Presiento que este invierno va a ser duro.

*.*.*.*.*.*.
El invierno, mi soledad, el frío, la nieve que me cubre los ojos y que cuando se derrite me hace llorar. Es una ilusión que me hace más humano, es lo que me digo, pero no hay nadie para darse cuenta. No esta ella para acompañar mi tristeza.

*.*.*.*.*.*.
La he visto pasar a veces a mi lado parándose un momento para mirarme pero no se ha quedado. Es como si quisiera decirme con esas visitas que no se olvida de mi perenne presencia en el parque. Me sorprendo contando las veces que acude, cuando confundo a otra mujer creyendo que es ella, cuando la ausencia de todo movimiento me aturde.

Y, qué curioso, me he dado cuenta que no sé cómo es realmente, solo son sus ojos los que vienen a mí cuando la evoco. Sus ojos verdes y profundos. Y su ausencia en el banco que hay frente a mí.

*.*.*.*.*.*.
Hoy tampoco ha venido. Qué angustia sin saber de ella. ¿Dónde estará? ¿Qué estará haciendo? ¿Un amor la retiene quizá? ¿Por qué siento esto si no tengo nada dentro?

*.*.*.*.*.*.
Amaneció de nuevo en el bronce que me cubre.

La he visto. Me ha vuelto a mirar.

Esta vez no he perdido detalle de sus movimientos para verla cuando no está. No quiero perderme ninguno de sus detalles, por si vuelve a desaparecer. ¿La habrán creado para hacerme compañía? No, no puedo tener esa suerte.

Es alta, delgada, morena, con brazos largos y gestos majestuosos. La ropa pegada a su cuerpo menudo le da una apariencia de fragilidad. Sus piernas levemente posadas sobre el suelo. Toda ella es suavidad y cuando alguien se acerca comienza una danza, como para llamar la atención.

Su movimiento parece poesía.

*.*.*.*.*.*.
Pero ¿Qué me ocurre? Cuento los minutos, las horas, los días y las estaciones. Ella acude a mi lado a veces y me llena de desazón cuando descubro su ausencia. Si amanece nublado maldigo a los dioses que me hacen tan desdichado, pero si el sol me da de pleno no me doy cuenda del calor de mi cuerpo, sólo descubro lo que desde hace tiempo ha ido llenando el vacío de mi interior.

*.*.*.*.*.*.
Ha pasado el tiempo y ella aún acude a visitarme, pero ya no se coloca sus ropas ni pinta su cara. No.

Trae un cuaderno grande y se pasa las horas delante de mí, mirándome, observando cada detalle mientras garabatea en las hojas. ¿Qué hará? ¿Pintarme? Reconozco que me tiene desconcertado, pero no puedo dejar de mirarla ¡Si al menos pudiera ver mi sonrisa! Nací sin ella pero sé que la tengo porque me estremezco cuando la veo, cuando son sus labios los que me sonríen y es que creo que intuye la mía.

Qué compañía me brinda. Pero ahora me siento más solo cuando se va. Al anochecer recoge todo, se acerca a mí para despedirse. No dice nada, sólo mira mi placa, sonríe y se va. ¡Cómo me gustaría poder verla alejarse! ¡O acompañarla en su camino!

*.*.*.*.*.*.
Está sentada frente a mí, mirando mi rostro, intentado ver más allá. Quiero que ese momento no se acabe nunca. La limpieza de sus ojos, la paz de su rostro me conmueve tanto que me duele… ¡Siento dolor!

Sueño con poder descender y abrazar esa soledad que me comprende, que me ama con un amor más fuerte que yo.

Estoy viendo por primera vez sus arrugas, el temblor de sus manos, la torpeza de sus movimientos y me rompo por dentro. Es como ver un reloj de arena, y los granos deslizándose rápido, sin compasión. Quiero gritar con todas mis fuerzas que se detenga el tiempo, llorar mi rabia. Odio mi impotencia, mi vacío, mi quietud.

Y ella me sonríe, una sonrisa dulce, la última que me brinda esta bella mujer que tantos momentos me ha regalado. Sus ojos verdes antes brillantes, preciosos, profundos, ahora apagaron la luz de esta tarde de invierno. Su cuerpo yace sobre nuestro banco.

Me desgarra mi silencioso grito.

Luego… la nada.

*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.
“Andrés, he leído una noticia curiosa en el periódico. Parece ser que una anciana ha fallecido en el parque de Rossi esta noche. La ha encontrado el guarda y, según su versión, la pobre mujer ha debido morir por el susto que le provocó el que una estatua se desplomara a sus pies rompiéndose en mil pedazos.

Andrés ¿el bronce puede destrozarse como el cristal?”

Un año más


Está en el mismo lugar en el que estaba hace un año, pero no es la misma. Ha cambiado mucho desde aquellos días. A veces parecen muy lejanos y otros la añoranza la invade.
Le gustaría estar justo en esa fecha para reunir algunos de los capítulos de su vida, los más hermosos y poder prever los más desastrosos pero... ¿para qué? De los más hermosos salió más rica, más persona, se reconoció y se quiso y los momentos más desastrosos eran inevitables.

¿Arrepentimiento? Ninguno. ¿Añoranza? Un poco. Soñaba con que el viento, ese que acompaña también al árbol solitario, le arropara y acariciara la piel, que fueran sus manos. Aunque hoy la brisa no recuerda esa caricia; hoy la brisa le habla de ella, de lo que es y está consiguiendo ser.
¿Se cambiaría por esa mujer de hace un año?
Mira el paisaje plano, amarillo, a veces salteado de motas verdes. No parpadea, su pensamiento se evade un segundo mirando de nuevo, un año más, el horizonte árido, hermoso y único. Mueve la cabeza decidida y resuelve que volver no tendría sentido, que lo bueno seria genial revivirlo, lo malo mejor dejarlo atrás. Rebobinar no cambiaría las cosas. No, definitivamente no está dispuesta a volver a ser esa mujer. Debe hacer borrón y cuenta nueva, avanzar siempre hacia delante, a trompicones, con lágrimas y risas pero avanzando hacia lo que siempre quiso ser; una persona plena. Aun le quedan muchos años, muchos días como ese.

Cierra los ojos.
Aspira y reconoce el olor a jara y a tomillo.
Vuelve a mirar. Bajo ese mismo cielo, mirando el mismo paisaje, pronuncia su nombre pero ya no significa lo mismo.

Los sueños son producto del deseo humano

Me has visitado en sueños.
Precisamente hoy.
Aprendo a dejarte al fondo
en el rincón de los recuerdos
y te empeñas en regresar.

Esta vez he disfrutado
de tu cuerpo a mi lado,
de un beso
que aún recuerdo tan bien.

Pero al despertar
he tenido que ahogar un grito
que me provocaba
descubrir el espacio
que he encontrado.

He tragado
todo lo sentido
y poco a poco
recogido mis pedazos
los tuyos
y los he llevado de nuevo
al fondo
al rincón de todos mis recuerdos
mientras una lágrima
ha salido a despedirte.

Utopías prejuiciosas

Qué pasaría si un día Otegui se levantara y fuera hijo de un guardia civil asesinado por ETA: si Acebes, Aznar, Rajoy fueran padres de presos dispersos y lejos de sus familias: si los palestinos fueran israelitas y los judíos despertaran como palestinos asediados por israelíes que antes eran palestinos: si un hombre rico, de un barrio pudiente, se levantara en una cama en un piso de 55 m2 compartido por 10 personas más, que trabajara en la construcción y además fuera polaco y no hablara español.

Si yo misma, ese mismo día, me levantara rubia y con mechas, pechos, labios y cara mejorada con cirugía y botox, el armario lleno de ropa cara y de marcas impronunciables pero llenas de glamour, con pensamientos que nunca han ocupado el mínimo tiempo en mi cabeza.

Si un obrero se transformara de manera inmediata en empresario, si un empresario fuera obrero, si un maltratador fuera mujer maltratada, si una victima ladrón; si amaneciera el hombre mujer, y la mujer hombre, si el homófobo fuera homosexual, el negro amaneciera europeo blanco y el europeo fuera negro, africano y mujer.

¿Qué pasaría si todo el mundo se transformara, por arte de la magia o de un Big Ban no mortal, en lo que tanto desconoce, odia y/o teme?

Si ocurriera todo esto en un mismo instante, en la misma mañana, el mundo como lo conocemos, el género humano, acabaría con su existencia en un suicidio general, o explotaría y su efecto sería como el cataclismo en el que se extinguieron los dinosaurios.

O sería una transformación, un cambio total. Nacería un hombre nuevo, se crearía el siguiente eslabón de la evolución y pasaríamos del “Homo Sapiens” (informáticus, individualis, primericusego, etc.) al “Homo Cojonudum”.

Se nos alargaría el cráneo, los ojos serían enormes almendras de color negro, pequeña boca, cuerpo casi transparente, extremidades largas… Si, nos convertiríamos en esos alienígenas de buen rollo que vemos en las películas americanas, seríamos seres humanos que se respetan y quieren.

El título ya lo dice, esto es una utopía llena de prejuicios, pero… dejadme soñar…

Devaneos mentales (I)


Atocha. 8:30. Jueves

En un jueves cualquiera no hay diferencias, las caras son las mismas: Los ojos hinchados, la prisa, la mala leche, el café mal tomado, alguna risa y comentario que te sorprende (¡a estas horas y que carrete tiene la gente!).

Pero hoy no es un jueves cualquiera, un jueves de invierno, un jueves mondo y lirondo. No. Hoy es un jueves de finales de junio y en el andén las caras cambian, hay novedades, las actitudes son diferentes, los odios encubiertos mayores.

¿Por qué digo esto? Porque, para mi mayor desgracia, el andén donde se para mi tren –durante escasos minutos es de mi propiedad, mío y de los centenares de personas que se apiñan conmigo. Por derecho nos pertenece- es compartido por trenes de largo recorrido que, además, tienen destinos sugerentes allá en la costa.

El destino es lo de menos, lo que más me encabrona son esas mujeres, esos jóvenes, esas personas en general, con sus maletas y bártulos preparados, sus caras de relajo supremo y felicidad.

Tú que te levantas a una hora indecente por la mañana para ir a trabajar, con prisas, con mala leche, con un café mal tomado sales como los galgos del tren, a la carrera y, así sin avisar, te topas con una señora rubia y peinada de peluquería que arrastra con un ritmo caribeño, que te repatea el higadillo, una monísima maleta y que no te permite seguir con tu enfebrecido ritmo. Lo que darías por tener el poco corazón de derribarla pero no por que te moleste la pobre señora, no, es porque desearías ser tu la que arrastrara esa maldita maleta, la del ritmo caribeño, la que cogiera ese tren para irse lejos de lo que te espera en unos segundos; otro tren lleno de tristones inconformistas como tú.

Reconozco que lo mío es envidia, pura y malsana envidia, pero no puedo con esto. No puedo convivir con esos dos ritmos tan claramente incompatibles e injustos. Es cruel. Por eso, estoy por enviar una carta a RENFE para que tenga en cuenta esta guerra psicológica a la que nos impone diariamente en estas fechas.
Los trenes de largo recorrido, los de vacaciones, los que llevan a la gente feliz, que salgan de otro lado, lejitos, que nos dejen a los amargados trabajadores rumiar nuestra desgracia, que bastante tenemos.
Merche, alias "loquemejodemadrugardiosmío".

Cenicero

Era suyo, para él solo, propio, tristemente irrompible. Hecho de arcilla y pintado de un amarillo impertinente. Un cenicero irregular, monstruoso, un recipiente para las colillas que se acumulaban, un manifiesto irónico de "No fumes papá" que le gritaba quedamente todos los días cuando miraba su mesa de despacho.

Lo había intentado miles de veces pero siempre sucumbía a la tensión, a la ansiedad, a la atracción de ese cigarrillo que le ata a su yo más débil. Termina encendiendo un cigarrillo más, un fracaso más a añadir a su larga lista. Un nuevo cigarro encendido que calmaba las voces de su interior.

Pero, un cigarro sobre fondo amarillo y de nuevo esas voces le increpan, le llevan al lugar donde se siente más incómodo, más vulnerable.

Y como cuando ese niño, el autor de esa esperpéntica obra, le pregunta por qué ya no quiere a mamá, ignora el contraste, el amarillo, ignora su falsedad y destroza una nueva colilla hiriendo un poco más al inocente cenicero.

Invitación

En el jardín se está bien, tranquilo, relajado. Cuatro amigos sentados en sillas blancas y metálicas alrededor de su mesa a juego. La sombra de un toldo a rayas azules y blancas nos protege del sol y también de los molestos pájaros y sus excrementos. Sobre la mesa una jarra de sangría y cuatro copas llenas.

Acabamos de aposentarnos para esperar el regreso del anfitrión que nos ha abandonado “un momento”, ha dicho.

Ninguno de los cuatro hablamos. No hay nada que añadir a ese silencio tan evidente. Nadie quiere romper ese raro hechizo de paz a media hora del mayor atasco del mundo.

El silencio, el olor dulzón y penetrante de flores abiertas, de los rosales, el zumbido de un negro abejorro, un pájaro del que ni se el nombre, un lejanísimo sonido de un claxon y… ¿una motosierra?

Abro los ojos y salto de la silla. Tras de mi un hombre grande, moreno y fuerte con un impoluto mono azul me mira, mientras sus grandes guantes amarillos sujetan unas tijeras de podar.

Mis amigos y yo estamos rodeados de caos. La sangría está llena de serrín por que están talando el árbol bajo el que nos hallamos.

A pocos pasos la rosaleda yace deshecha sobre un montón de terruños revueltos por ¡una escavadora!

Verdes ramas saltan sobre nuestras cabezas sin que podamos movernos. Somos como estatuas en medio de las obras. No hablamos, no nos movemos. Solo se oye el ensordecedor ruido de la motosierra, el sonido de los operarios trabajando. Sus bocas se mueven pero no consigo oír lo que dicen.

Miradas desesperadas entre nosotros y hacia la puerta del salón por donde se fue nuestro común amigo.

Una vibración en el bolsillo de mi pantalón vaquero consigue sobresaltarme aún más. Es mi móvil. Tapo mi oído derecho para escuchar al otro lado la carcajada del dueño del vergel destrozado.

Cuelgo totalmente desconcertada para comunicar a las interrogadoras miradas de mis amigos que para el año que viene estamos invitados en ese mismo lugar a la inauguración de su piscina.

Mini relato *

Uno de esos solteros de manual se atusaba el pelo en el andén del metro intentando tapar su incipiente calva, como si fuera el sistema económico más frágil del mundo y hubiese que protegerlo a toda costa.

¿A dónde irá este muchacho? Creo que tiene una cita. Puede que vaya a la tienda del centro donde ayer compró un regalo. Regresa a ver de nuevo a esa chica que le atendió. No era un cúmulo de amabilidad pero algo tiene porque le hace volver hoy.

Se reconstruirá de nuevo su calva y entrará en la tienda. Con paso firme buscará a la que ha denominado su empleada del mes.

O no.

Rondará toda la tarde la puerta de esa tienda del centro, confundiéndose con la marabunta. Esperará a que salga a fumarse un cigarro (“Que no fume, que no fume”- se repite) y poder así observarla con calma.

Pero para una vez que se decide no va a estar rondando la posibilidad de conocerla, así que entrará y, primero disimuladamente, le pedirá consejo sobre un regalo para luego entrar a saco y abordarla:

-¿Me da su teléfono?

Todo eso piensa mientras se atusa el pelo frente al cristal de los planos del metro.


Llega a la tienda. Está frente a la puerta. Se recompone la camiseta y entra con confianza. Mira alrededor y no la encuentra. “Estará de descanso” piensa.

Se dedica a mirar sin ver los estantes de la tienda. No pierde detalle de las empleadas. Así pasa el tiempo y su plan para ese fin de semana no aparece.

No puede irse, así sin más, aún cuando le están dedicando miradas de sospecha y una de las chicas de la tienda se pega como una lapa.

-Perdona, ayer me atendió una compañera tuya pero hoy no consigo verla… ¿Tiene el día libre?

La dependienta le barre de arriba abajo

-Si te refieres a Silvia ya no trabaja aquí, ayer se le acabó el contrato y no se lo han renovado

¡Maldito y frágil sistema económico!


* Binomio Fantástico.

LABIOS

¿No has visto nunca por la calle
labios besables, jugosos
con los que surge
el misterio de saber cómo saben?

A veces ocurre que unos labios
despiertan tu interés
no puedes dejar de mirarlos,
no puedes dejar de besarlos en sueños.

Y, si los ojos que acompañan
te preguntan… entonces
te sientes perdida, extraña.

A mí me entran ganas
de volver a mi rara adolescencia
sonreír, sonrojarme pero
la edad maldita, la vergüenza
cierran tus posibilidades
y terminas traspasando esa mirada
pero sin dejar de soñar con esos labios.

¿Existe el amor, la pasión...?



Hace un tiempo a esa pregunta surgía de mi garganta un no rotundo acompañado de una sonrisa suspicaz y llena de ironía. Ahora me he percatado de cuán equivocada estaba, cuanto tiempo he desperdiciado en negar la evidencia y lo agotador que es ser escéptico.

El amor existe y, como la energía, "ni se crea ni se destruye, solo se transforma". Es lo que creo, creo en el amor, en la pasión, en el beber del otro -ya sea amig@, ya sea madre, padre, ya sea hermano, ya sea amante- en querer ser por tí y querer ser para los demás. Creo en todo eso y creo que su transformación nos mueve.
Nos mueve el amor al hijo, nos mueve el odio de lo que antes fue amor, nos mueve la pasión por el cuerpo y el ser de otra persona, nos mueve el amor no correspondido, nos mueve el egoísmo del querer...
Hay sitio para todo eso, hay sitio para mucho más, siempre hay sitio para el amor, para el sentimiento, para la equivocación incluso, para el dolor por amar...

Leyenda

PEQUEÑO NOMO

Un castillo grande y solitario
sobre la loma de una montaña rusa
que motaron los nomos
en su tiempo libre.

En ese castillo vive
un gran hombre
que aún no sabe
vestirse solo.

Todos los días acuden a verlo
peregrinos y súbditos libres
para curar su alma
porque, de todos es sabido
que la sonrisa de este gran hombre
que llora si tiene miedo
cura los males más tremendos.

Su mirada limpia
sus hoyuelos traviesos
el lunar en su frente
esos dientes que sorprenden.

Recuerdo su manita entre las mías
arrastrándome a su pequeño reino
pidiéndome que apartara
mi persona mas complicada
para descubrir lo sencillo de la vida.
Fueron los momentos
que curaron mi alma triste.

Tuve que irme pronto de su reino
y a veces me sorprendo
entristecida por la distancia.
En ese momento, no se porqué
veo sus ojos limpios y su sonrisa…
No puedo seguir con mi lamento

Gracias mi pequeño nomo

Je me souviens / Yo me acuerdo

Ahí va mi pequeña listas de Me acuerdo:
  • Me acuerdo del wisky que se bebió mi madre cuando España metió el gol número 11 a Malta.
  • Me acuerdo del color negro del chicle Cosmos
  • Me acuerdo del sonido de las chicharras en Santa Pola
  • Me acuerdo del olor el ducados mentolado que fumé por primera vez
  • Me acuerdo del color azul de mis botas de agua
  • Me acuerdo de ver a escondidas tras la puerta del salón Starky y Hutch
  • Me acuerdo de leer con mis amigas el Nuevo Vale cuando subíamos al colegio (Si, una tiene un pasado...)
  • Me acuerdo de la bolita de anís que había en las bolsas de pipas facundo
  • Me acuerdo del hulahop verde que tenia mi amiga
  • Me acuerdo del cubo de Rubick redondo que me compró mi madre.

Animo a quien lo lea a hacer su lista de Me acuerdo, en principio es bueno elegir recuerdos vinculados a objetos, pero recordar... es libre.

ME GUSTA / NO ME GUSTA





ME GUSTA el mar, la risa, el papel de burbujas, la música, Boris, el cine de Coixet, llorar con una película, llorar sin una película, las patatas fritas, la salsa, el diálogo, la locura, el morado, los amigos, la radio, los sueños, la pasión, el sauce llorón, internet, House, la calma, las 11:11, el sofá, un buen libro, escribir poesía, el silencio, estar en el cine justo en el momento que empieza la película, una caricia por la espalda, el tacto del pelo, la política, Forges, Benedetti, García Marquez, un buen guión, el agua, ser niña, madurar, Sopelana, Tontxu, Doctor Grillo, viajar, el olor de un libro nuevo, el sonido del bolígrafo al rasgar el papel, el momento justo en el que te duermes, arroparme bien en invierno, ducharme según llego a casa, los papeles, el boli bic de punta gorda, Madrid...
NO ME GUSTA la comunidad de vecinos, la estupidez, la arena, el ketchup, la violencia, los políticos, Jorge Javier, Salsa Rosa, la regla, la derecha, las monarquías, el color rosa, las tallas, el ruido, los gritos, los gritos de los niños, el metro, Atocha de lunes a viernes a las 8:30 de la mañana, el viaje, 5 horas sentada en un autobús, la falsedad, el autoengaño, el victimismo, el bolso, las biografías de "porque si", el té, la M30 en obras, la prepotencia, coincidir con alguien en el ascensor, los médicos, Torrevieja, el tecno, el dolor de cabeza...
 

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