Personaje del 40

Mujer de pelo azul con cara de “¿qué coño miras?”, y cómo no mirar así si tienes imagen de andrógina selenita. Tu cuerpo plano por todos los lados, un rectángulo en 3D alto y estrecho. Vistes una falda corta sujeta por los huesos puntiagudos de tus caderas, un top flojo donde no se adivina ninguna forma redondeada. Eres la mujer-arista que coge conmigo todos los días el 40.

Ahora que puedo mirar a mi antojo tu rostro, tu cabeza, tu pelo, me recuerdas a Felipe el amigo pesimista de Mafalda. En una tira cómica Mafalda para hacerle un retrato coloca un zapato de su padre y sobre él una zanahoria; ese es tu perfil, alargado que a partir de la nariz se proyecta hacia delante. Tienes un perfil Felipe-Quinesco.

El gesto de tu cara no puedo decir que sea amable, pero es que ninguno de los que veo, ni el mío propio, puede esbozar una sonrisa a estas horas de la mañana. Es como si estuviéramos enfadados con el mundo, como si todo a nuestro alrededor nos atacara. Tienes gesto huraño mi compañera de asiento, gesto adusto como el mío, en eso nos comprendemos.

Todos los días lees un panfletillo, un cuaderno del tamaño de una cuartilla, como esos de las instrucciones de los aparatos electrónicos. No tengo idea de qué se trata, pero lo tienes tan manoseado que las esquinas están redondeadas de tanto pasarlas, las hojas como cedidas y abombadas.

Tengo tanta curiosidad de saber de qué se trata como vergüenza y prudencia de preguntarte, así que seguiré dando a mi imaginación la oportunidad de jugar con la posibilidad. La que más gana es que se tratan de frases hechas en español e inglés u otro idioma. ¿Te vas de viaje y estás preparando tu lenguaje de bolsillo? Quizá trabajas en agosto en esa peluquería para poder ahorrar dinero e ir a algún sitio en temporada baja. ¿Te has comprado un home cinema y no sabes cómo se monta? No, demasiado obvio y ridículo. ¿Un examen de peluquería y en el texto te explican cómo aplicar bigudíes? Tampoco. Estúpido, lo sé.

¡Ay chica! En estos días he intentado acercarme disimuladamente para saber qué lees en esos papeles, miro por encima de tu hombro microsegundos mientras me acerco, me he colocado a tu lado pero me cuesta ser tan descarada. Esa sucesión de líneas me llama más la atención que tu pelo, tu cara, tu extremada delgadez, pero aún no he podido saberlo.

*-*

Hoy no te he visto y es que agosto termina y con él regresa todo el ejército humano que puebla esta ciudad... mi horario, mi lugar de trabajo, mis compañeros de viaje en el 40 cambiaron y puede que no te vea más.

Pero tengo la seguridad de que te reconoceré en cuanto te vea, mujer-arista, y si eso ocurriera y volvieras a tener entre tus manos ese panfleto misterioso, haría de tripas corazón para convertirme en una mujer cotilla, acercarme hacia tu rostro sin sonrisa y preguntar "Perdona que te aborde de esta manera pero no puedo seguir viviendo con este come-come interior... ¿qué es lo que lees?" descubrir tu cara de sorpresa y tus brazos extendiéndome esas cuartillas, sin tiempo a reaccionar y mandarme a tomar por donde no le da nunca el sol que es lo que, cuando te recuperes de la sorpresa, querrás hacer.

Por de pronto te has convertido en uno de mis personajes, con tu permiso o sin él, formas parte de mi propia literatura.

Gracias mujer-arista, nos vemos en el autobús un día de éstos. Tengo preparada para ti una pregunta que nunca haré y la promesa de una sonrisa al menos.

1 Comentarios:

Tamara dijo...

Muy bueno, Merche. Cada día te salen mejor estas aproximaciones "indiscretas" a las personas que te rodean. Y cuando vuelvas a ver a la mujer-arista, PREGÚNTALE PREGÚNTALE. Yo tengo mi propia aportación ridícula al juego de adivinar qué lee: pasajes de la Biblia. ;-P
Mer, de 10. Muchos besos.

 

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