Felicidad momentánea

Ha entrado en el vagón de metro a trompicones, junto con otras 10 personas más, todas por la misma puerta, como si tuviera premio. Aprisionada, sobada, acalorada, intenta llevar su pensamiento a otro lugar pero se detiene en la mujer que está sentada a la altura de sus rodillas. Es una mujer de unos 45 años, melena rubia sujeta en una coleta, lleva una camisa blanca de manga larga y un pantalón negro. Aparta la mirada y la reparte a su alrededor, buscando no sabe muy bien qué. Ve a un chico joven escondido tras sus cascos, intentando parar los movimientos de su cuerpo al ritmo de la música apagada que oyen todos sus compañeros de viaje.

Unas paradas más y el vagón se va vaciando, quedando libre el asiento frente a la mujer rubia. Ahora la puede ver mejor. Sus ojos están mirando al techo de una manera intensa, en un gesto inequívoco de contener las lágrimas. Lo sabe porque ella ha vivido alguna vez esa situación, estar al borde del llanto negándote a hacerlo delante de todo el mundo, pero sin poder evitar pensar en eso que te hace llorar. Algo así como la historia del oso polar y Tolstoi.

¿Qué hacer si ves una situación así? ¿Miras a la mujer de manera compasiva? ¿Intentas esquivar su mirada? Más bien buscas la razón de ese llanto contenido, qué puede haberle ocurrido, si es un llanto de un amor no correspondido, si será por la pérdida de un ser querido, quizá la han despedido…

A su lado se ha sentado otra mujer más o menos de su edad, morena, pelo corto, algo gordita, vestida de negro y con una gran sonrisa. Coge la mano de la mujer contenida que da un respingo

- No se preocupe señora, debe usted llorar sin miedo. Aguantar las lágrimas es reprimir lo malo y quedárselo dentro, déjelo que salga fuera, que se vaya. Una vez leí en una novela que llorar elimina toxinas, y que por eso las mujeres vivimos más que los hombres

Una risa generalizada, suave y musical brotó alrededor de la escena y la mujer del llanto contenido apretó la mano de su interlocutora, cerró los ojos de donde brotaron 2 enormes lágrimas hasta su barbilla.

Siguiente parada. Las puertas se abren y del vagón bajan varias personas con los ojos acuosos y una sonrisa de felicidad momentánea.

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