
Vidas paralelas o vidas tangenciales es lo de menos, lo más importante son las vidas y todo lo que en ellas hay de pasado, presente y futuro. Da igual si un pasado ha sido tormentoso o simple y tranquilo, hay momentos, instantes en la vida, en que algunas personas se tocan, conviven y se miran de maneras diferentes.
Hay miradas de comprensión cuando alguna experiencia que se cuenta ha sido parecida en otro momento y tiempo de su historia. Hay sorpresa, zozobra o esclarecimiento cuando el interlocutor con el que viajas no conocía esas formas especiales, tremendas, terribles en las que ocurren las cosas
Hay gente que vivió dictaduras, incomprensión, violencia, soledad. Otras, en cambio, transcurrieron entre un número ingente de bolsas de pipas consumidas en tranquilos paseos circulares imaginando, inocentes, instantes que nunca les ocurrieron pero que sí pasaron en la realidad de otros, en esas líneas paralelas.
No se puede juzgar lo uno ni lo otro, e incluso, lo uno sin lo otro. Solo se puede escuchar, impregnarse de cuantas más sensaciones posibles mejor, de ampliar la visión horizontal, con el único fin de poder conseguir un horizonte de 360º. Ninguna realidad es más valida que otra, todas son importantes e imprescindibles para conseguir ese fin.
Esta tarea de construcción horizontal nunca se completa, no tenemos tiempo suficiente para conectar con todas las realidades, ni capacidad para escucharlas de la manera emotiva y sincera oportuna, porque hay gente a la que no queremos escuchar bien porque decidimos que su verdad no nos interesa, bien porque en ese momento nuestro propio contexto nos lleva todo el tiempo hacia un punto indeterminado. Y así, creo que nuestros horizontes finales son como esas fotos que intentan ser panorámicas pero que siempre dejan huecos y lagunas sin plasmar.
La escucha activa deja un poso de sorpresa que tarda en digerirse. Es algo complicado ponerse tras los ojos de otra persona que cuenta con pasión o dolor algo que le ocurrió y marcó en el pasado. Entran en juego demasiadas cosas que deben pasar a un segundo plano para dejar ver claramente la historia que esos ojos, más que las palabras, te cuentan. Puede ocurrir que la historia quede impregnada de notas que nunca ocurrieron pero que dan un sentido más global, una manera de fabulación pedagógica que deja más clara la esencia del hecho en sí.
Cuando se tiene la necesidad, más que la capacidad, de escuchar, todos los instantes que se suceden en diferentes estados de alerta (natural o inducida) son importantes. Tus ojos se abren, el silencio propio campa a sus anchas, las orejas están tan sensibles que las palabras y los gestos van entrando dentro hasta acoplarse en un hueco irreal que existe entre el corazón y el cerebro. Y todo se ordena pero tarda en hacerlo…
Las personas que sienten la necesidad imperiosa de escribir, intentan empaparse de la mayoría de las experiencias y vivencias propias y, sobretodo, prestadas posibles. No tengo idea de si algún escritor ha podido realizar un horizonte completo de una manera satisfactoria pero sí que creo que, si tiene las orejas suficientemente despejadas y limpias y suficiente hueco para historias que no sean la suya propia, es capaz de realizar una descripción casi tan igual como el reflejo de la misma en un espejo.
Y todas las conversaciones son importantes. En algunos momentos los diálogos intrascendentes pasan desapercibidos pero en un instante impredecible, salen a la luz y te golpean de tal manera que solo puedes reflejarlas una y otra vez en tu manera de ver y escribir la vida.
¿La ficción existe o no? Creo que la ficción en sí misma no existe porque toda ficción se basa en una realidad, sea en el porcentaje que sea, con lo que la parte de irrealidad desaparece. Hay historias que te pueden parecer imposibles pero que te sorprenden desde la esquina más insignificante de un periódico, o esquinas insignificantes de realidad que se convierten en ficciones totalmente posibles
Por eso creo importante y obligatorio atender, ver, captar todo lo que ocurre a nuestro alrededor, por esa necesidad egoísta y por enriquecedor. Esto se convierte en reserva de la propia experiencia personal y de la futura producción del horizonte particular. Es necesario escuchar, hacerse acopio de todas las vidas que pasan al lado de uno, paralelas y tangenciales, porque son como un colchón donde te sientes cómodo, donde cabe la sorpresa del carácter y la manera de actuar de las personas, porque es útil para escribir y completar tu propia historia y porque los personajes, los que ya están paridos y los que viven latentes, necesitan saber qué es lo que ocurrirá en sus vidas.
Hay miradas de comprensión cuando alguna experiencia que se cuenta ha sido parecida en otro momento y tiempo de su historia. Hay sorpresa, zozobra o esclarecimiento cuando el interlocutor con el que viajas no conocía esas formas especiales, tremendas, terribles en las que ocurren las cosas
Hay gente que vivió dictaduras, incomprensión, violencia, soledad. Otras, en cambio, transcurrieron entre un número ingente de bolsas de pipas consumidas en tranquilos paseos circulares imaginando, inocentes, instantes que nunca les ocurrieron pero que sí pasaron en la realidad de otros, en esas líneas paralelas.

Esta tarea de construcción horizontal nunca se completa, no tenemos tiempo suficiente para conectar con todas las realidades, ni capacidad para escucharlas de la manera emotiva y sincera oportuna, porque hay gente a la que no queremos escuchar bien porque decidimos que su verdad no nos interesa, bien porque en ese momento nuestro propio contexto nos lleva todo el tiempo hacia un punto indeterminado. Y así, creo que nuestros horizontes finales son como esas fotos que intentan ser panorámicas pero que siempre dejan huecos y lagunas sin plasmar.
La escucha activa deja un poso de sorpresa que tarda en digerirse. Es algo complicado ponerse tras los ojos de otra persona que cuenta con pasión o dolor algo que le ocurrió y marcó en el pasado. Entran en juego demasiadas cosas que deben pasar a un segundo plano para dejar ver claramente la historia que esos ojos, más que las palabras, te cuentan. Puede ocurrir que la historia quede impregnada de notas que nunca ocurrieron pero que dan un sentido más global, una manera de fabulación pedagógica que deja más clara la esencia del hecho en sí.
Cuando se tiene la necesidad, más que la capacidad, de escuchar, todos los instantes que se suceden en diferentes estados de alerta (natural o inducida) son importantes. Tus ojos se abren, el silencio propio campa a sus anchas, las orejas están tan sensibles que las palabras y los gestos van entrando dentro hasta acoplarse en un hueco irreal que existe entre el corazón y el cerebro. Y todo se ordena pero tarda en hacerlo…
Las personas que sienten la necesidad imperiosa de escribir, intentan empaparse de la mayoría de las experiencias y vivencias propias y, sobretodo, prestadas posibles. No tengo idea de si algún escritor ha podido realizar un horizonte completo de una manera satisfactoria pero sí que creo que, si tiene las orejas suficientemente despejadas y limpias y suficiente hueco para historias que no sean la suya propia, es capaz de realizar una descripción casi tan igual como el reflejo de la misma en un espejo.
Y todas las conversaciones son importantes. En algunos momentos los diálogos intrascendentes pasan desapercibidos pero en un instante impredecible, salen a la luz y te golpean de tal manera que solo puedes reflejarlas una y otra vez en tu manera de ver y escribir la vida.
¿La ficción existe o no? Creo que la ficción en sí misma no existe porque toda ficción se basa en una realidad, sea en el porcentaje que sea, con lo que la parte de irrealidad desaparece. Hay historias que te pueden parecer imposibles pero que te sorprenden desde la esquina más insignificante de un periódico, o esquinas insignificantes de realidad que se convierten en ficciones totalmente posibles
Por eso creo importante y obligatorio atender, ver, captar todo lo que ocurre a nuestro alrededor, por esa necesidad egoísta y por enriquecedor. Esto se convierte en reserva de la propia experiencia personal y de la futura producción del horizonte particular. Es necesario escuchar, hacerse acopio de todas las vidas que pasan al lado de uno, paralelas y tangenciales, porque son como un colchón donde te sientes cómodo, donde cabe la sorpresa del carácter y la manera de actuar de las personas, porque es útil para escribir y completar tu propia historia y porque los personajes, los que ya están paridos y los que viven latentes, necesitan saber qué es lo que ocurrirá en sus vidas.
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Miguel, en su blog Mis fotos de Madrid, acaba de publicar mis respuestas a sus diez preguntas sobre Madrid. Ahí va una opinión más de lo que es para mi Madrid, opinión que puedo expresar gracias a este bloguero que además inicia ese post con una preciosa foto de los techos de Madrid (¡cómo me gustan los tejados!)